Y se acaban los elogios.
Bien mirada, la CELAC no parece ser otra cosa que un elemento más del reacomodo del capital cuando los países del centro no consiguen el fondo del abismo. La diferencia, esta vez, es que el reajuste involucra a Brasil y, de rebote, al resto de nosotros, todos furgones de cola. Cosas interesantes ocurrieron por estos días. En Brasilia, se aprobaron inversiones mil millonarias en infraestructura regional, corredores ferroviarios y carreteras. En la misma ciudad, UNASUR aprobó la construcción de un larguísimo anillo de fibra óptica que independizará la Internet en América del Sur de los Estados Unidos, el cual es un acto de soberanía regional sin precedentes. A esto hay que añadirle el regreso del oleoducto entre Colombia y Venezuela, y dicen que el Banco del Sur nacerá antes de fin de año, preámbulo a un sistema financiero regional que terminará de alejar a nuestras economías del FMI y del Banco Mundial. Y como colofón, en Lima, los ministros de Defensa de UNASUR discutieron sobre la creación de una agencia espacial y la construcción de cazas para entrenamiento y drones. Brasil se alista a ocupar, bien cerquita de China, el espacio que dejará la insostenible economía de los EEUU. No es nuevo, lo hace desde hace rato, pero el pequeño imperio brasileño se viene ahora con todo a imponer en la región su proyecto desarrollista: 600 millones de almas bailando al son de la agroindustria intensiva, la extracción de recursos naturales, de gas y petróleo. Algunos piensan que, bajo la batuta de tremendo gigante, conseguiremos autonomía política con respecto al Norte y un modelo económico para nuestro desarrollo basado en la cooperación. De lo primero no hay dudas, y por eso andamos locos de la vida. De lo segundo… Chávez habló de economías complementarias: en seguida recordé los problemas de los productores de arroz uruguayos para entrar en el mercado brasileño, y, sobre todo, lo dicho por el ex-ministro de Hidrocarburos de Bolivia, Andrés Soliz de Rada: “El presidente más habilidoso para hacer daño a los países chicos de América Latina fue Lula, porque te metía el puñal mientras sonreía y te decía: ‘¿Sabes? A mí me interesa no tener vecinos pobres’. Y mientras tanto te estaba sacando hasta la última gota de todo.”
Habrá que olvidarse del socialismo en la región, al menos por ahora. Ese tren, si alguna vez tuvo programada una parada por acá, pasó de largo. Tendremos que programarla de nuevo, otra vez con mucha paciencia y a ver si esta vez lo hacemos con memoria. Un amigo muy lúcido dijo alguna vez que el capital no se suicida. Ahora mismo, lo que hace es buscar nuevo domicilio desde donde seguir reinando, pero sólo porque el actual está a la miseria. Quizás, como creen algunos, acomodarse en la periferia brasileña permita en nuestra región un desarrollo capitalista con lógica social. Ya veremos. Sin duda será mejor que orbitar alrededor de los anglosajones, tan racistas, tan de pueblo elegido. Bueno, hasta que afloren las contradicciones. Las lleva como una carga genética. Sus códigos se expresan, tarde o temprano, en el desastre medio ambiental y en estallidos sociales. A la gringa o a la europea, a la china o a la brasileña, o a la Timbuktu, el capital tritura gente y planeta, y estos, hartos, se rebelan. También, cuando anda desesperado por eliminar competidores, organiza una que otra guerra planetaria. Sin duda alguna, la CELAC nos llevará a alguna parte; pero mejor atentos: a ver si nos lleva a donde no queremos.
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