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A partir del siglo XIX surgen en América Latina varios intentos por proporcionarle a la población una identidad propia que nos permitiera diferenciarnos y crear un sentido de pertenencia en la región luego de varios años de imposición y dominación. Este planteamiento fue motivado por los próceres de la independencia, fundamentalmente por Francisco de Miranda y Simón Bolívar, quienes partían de la idea de unirnos en aras de fortalecernos a lo interno para poder estar en capacidad tanto de enfrentarnos a cualquier otro tipo de colonización orientados a liberarnos como crear una conciencia común en los países de la región. Así lo deja claro Simón Bolívar en toda su lucha por independizar a los países latinoamericanos, destacándose en esta oportunidad su proclamación de la Gran Colombia el 8 de marzo de 1820 cuando señala:

“Las potencias extranjeras al presentaros constituidos sobre bases sólidas y permanentes de extensión, populación y riqueza, os reconocerán como Nación y os respetarán por vuestras armas vencedoras: os estimarán por la justicia de vuestra causa y os admirarán por vuestra consagración a la patria”.

Si bien la idea de Bolívar era crear una confederación de Repúblicas Americanas, era muy respetuoso de la autodeterminación de los pueblos, y ello se ve reflejado cuando Antonio José de Sucre liberó a la República de Ecuador al señalar en 1822 que, “no es una sujeción lo que se intenta, sino la formación de un gran todo, compuesto por partes completamente iguales».

Por consiguiente, durante todas sus cartas y discursos, Bolívar siempre vislumbró su intención por construir una Patria Grande con características propias, partiendo de realidades comunes, sin embargo el intento de dominio siempre ha prevalecido por parte de algunas potencias extranjeras como Estados Unidos, cuando desde 1889 con la primera conferencia de Estados Americanos, intentó conformar una organización que prosiguiera lo expuesto en la Doctrina Monroe, pretendiendo obstaculizar cualquier iniciativa por crear una “liga verdaderamente americana”, como bien lo había señalado Gual y España según recomendaciones dadas por el libertador, pues en lugar de afianzarse esta idea, los representantes de los países latinoamericanos se alejaron del sentimiento de unión y consolidación de una sola patria, o como lo diría Martí; “Nuestra América”.

Posteriormente, durante el siglo XX se asomaron intentos de integración en América Latina entre nuestros países, como la ALALC, ALADI, CAN, MERCOSUR, entre otros, constituyendo esquemas marcados más por el aspecto económico-comercial que lo plasmado realmente por los libertadores en sus ideales, pues las influencias hegemónicas no dejaron de estar presentes, esencialmente en aquellos países que desde el siglo XIX promovieron la división y la entrega de nuestras naciones hacia los intereses imperiales.

Al lanzar una mirada a los resultados obtenidos hasta el momento en los procesos de integración latinoamericanos y caribeños, vemos que están aún muy lejos de lo que pretendían consolidar los libertadores, (a excepción de los recién constituidos, como Unasur, ALBA y CELAC), incluso la deuda con nuestras naciones sigue vigente y la dependencia aún se mantiene en algunos casos, por lo que ahora más que nunca se requiere de un cuerpo sólido que nos permita estar en condiciones de mantenernos como un bloque compacto en este siglo XXI pueda estar ajeno a imposiciones externas.

Por tales razones se hace necesario, aprovechando la conformación de nuevos esquemas, ir más allá a lo conocido y manifiesto hasta el momento. Es indispensable que se mantenga el sentido de unidad y defensa de nuestros territorios, considerando oportuno afianzar un bloque como la CELAC con áreas donde la supranacionalidad debe estar presente.

Si bien la influencia extranjera sigue vigente en nuestro territorio, constituyendo uno de los aspectos que han impedido avanzar en la integración latinoamericana y caribeña, junto a los problemas fronterizos y limítrofes que aún existen entre países vecinos, en la actualidad estamos presenciando el mayor de los avances en este ámbito donde la CELAC debe ir más allá de lo planteado hasta el momento, debe conformar una estructura sólida que le permita mantenerse y evitar un nuevo fracaso.

Se debe por tanto definir en qué áreas es necesario crear la supranacionalidad, como; seguridad y defensa, ambiente, economía, legislación, entre otros, sin que la misma implique ceder nuestra soberanía ni la pérdida de nuestras propias identidades, pues existen ciertas áreas en las que en definitiva se debe trabajar mancomunadamente, basados en un cuerpo normativo que genere obligación directa para cada una de las partes.

Recientemente y desde su creación, tanto pensadores políticos como mandatarios latinoamericanos, han argumentado que la CELAC debe sustituir a la Organización de Estados Americanos OEA, incluso el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela; Hugo Chávez Frías señaló que la CELAC “Debe ser una unión de repúblicas y de pueblos distintos de la OEA, que ha trabajado siempre bajo la hegemonía de Estados Unidos” y ciertamente los avances obtenidos hasta el momento indican que van hacia esa dirección, donde la supranacionalidad debe jugar un rol muy importante, ya que estaríamos hablando no solo de sustituir a la OEA, sino de incluso superarla.

Los retos hoy son menores que en épocas pasadas, simplemente se debe profundizar en ciertas áreas que aún no se han delineado para terminar de darle forma a ese espacio latinoamericano que hoy ya cuenta con su personalidad propia y la voluntad política existente en estos momentos, indica que estamos en el camino y la dirección correcta.