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La Habana, mayo 19 – Con acciones diversas y sencillas, cubanos de todas las generaciones evocan este 19 de mayo a José Martí, al cumplirse 117 años de su caída en combate en Dos Ríos, sitio del oriental municipio de Jiguaní.

Esa comunidad acogerá el acto central para rendirle tributo al Héroe Nacional de Cuba en el escenario donde murió, cuando se enfrentaba a las fuerzas colonialistas españolas, el 19 de mayo de 1895.

 

También como parte del homenaje a José Martí, más de 200 niños, adolescentes y jóvenes de los municipios de la provincia Granma pernoctaron este viernes  en el poblado de Dos Ríos.

El parque de la ciudad de Jiguaní fue escenario de actividades culturales y deportivas que amenizaron la premiación del XVII Salón Nacional de Plástica Infantil De donde crece la palma, dedicado al Hombre de La Edad de Oro.

Prensa Latina también da cuenta de homenajes efectuados y por efectuar en El Salvador, Guatemala, Panamá, República Dominicana y Nicaragua.

José Martí y el sacrificio generoso de su vida por Cuba libre

El 19 de mayo de 1895, hace 117 años, José Martí cayó en combate de “cara al sol”, por la soberanía de su Patria querida, Cuba.

Martí no quiso quedarse atrás en el combate contra los colonialistas españoles y decide, contrario al pedido del General en Jefe Máximo Gómez, de que permaneciera en el campamento, participar en la acometida mambisa.

Varios estudiosos cubanos de la vida y la obra revolucionaria de José Martí esgrimen tres explicaciones acerca de lo expuesto por el Héroe Nacional en la carta que no pudo terminar, conocida como “Carta inconclusa”, a su amigo el mexicano Manuel Mercado el 18 de mayo de 1895.

Al día siguiente, domingo y poco después del mediodía, moriría de “cara al sol”, como había predicho en famoso verso, en pleno combate por doblegar el colonialismo español, en la guerra emancipadora que había organizado al detalle y con grandes sacrificios de muchos patriotas dentro y fuera de la Isla.

Aquel día, en el campamento mambí de Dos Ríos, en la confluencia del Cauto y el Contramaestre, Martí comenzó la que sería la última de las más de 140 misivas hechas a Mercado (1838-1909) en los 20 años de amistad.

Para algunos investigadores de la obra martiana, la misiva constituye su testamento político; para otros, sus confesiones ideológicas; un tercer grupo la conciben como la mejor explicación de su estrategia política.

En la primera parte del documento Martí expone una serie de criterios los cuales ratifican su voluntad antimperialista, los objetivos propuestos con la contienda y lo que no debe repetirse de la gesta de 1868-1878. Allí vierte todo su ser, las razones de sus luchas, desvelos políticos, visiones:
“(…) ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber -puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso.”

“(…) más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los imperialistas de allá y los españoles, el camino, que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América al Norte revuelto y brutal que los desprecia (…) Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas:- y mi honda es la de David».

“La guerra de Cuba, realidad superior a los vagos y dispersos deseos de los cubanos y españoles anexionistas (…)

“Puede aún tardar dos meses, si ha de ser real y estable, la constitución de nuestro gobierno, útil y sencillo.”

“(…) siento en la benevolencia de las almas la raíz de este cariño mío a la pena del hombre y a la justicia de remediarla (…)”

“La revolución desea plena libertad en el ejército, sin las trabas que antes le opuso una Cámara sin sanción real, o la suspicacia de una juventud celosa de su republicanismo, o los celos, y temores de excesiva prominencia futura, de un caudillo puntilloso o previsor (…)”

“En mí, sólo defenderé lo que tengo yo por garantía o servicio de la Revolución. Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad. Y en cuanto tengamos forma, obraremos, cúmplame esto a mí, o a otros.”

La segunda sección de la misiva, si es que así pudiera decirse, apenas la inicia con cuestiones propias de la relación amigable entre los dos hombres:
“Y ahora, puesto delante lo de interés público, le hablaré de mí, ya que sólo la emoción de este deber pudo alzar de la muerte apetecida al hombre que (…) mejor lo conoce y acaricia como un tesoro en su corazón la amistad con que Vd. lo enorgullece.”

La llegada al campamento del general Bartolomé Masó le hace interrumpir la escritura que nunca reiniciaría, y luego del fatídico combate, la carta quedó en poder de los españoles.

Al día siguiente, tres disparos ciegan su valiosa vida, cumpliéndose así lo expuesto en la última carta a Mercado: “Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento.”