Autor: LibreRed.net

 

11 de abril de 2012.- El inusual castigo ha suscitado preguntas sobre si en Miami se puede hablar libremente de política.

Oswaldo Guillén fue suspendido durante cinco partidos por la dirección de su equipo por haber expresado admiración por Castro en una entrevista con la revista Time.

“Amo a Fidel Castro” y “respeto a Fidel Castro. ¿Sabes por qué? Mucha gente ha tratado de matar a Fidel Castro durante los últimos 60 años, pero ese hijo de… todavía está ahí”, dijo Guillén, de origen venezolano.

Ante la prensa, Guillén ha pedido disculpas por sus declaraciones y ha dicho que hubo un problema de interpretación de lo que quiso decir en inglés en su entrevista con Time.

 

No obstante, a muchos les parece insuficiente el castigo y algunas personas han pedido hasta el despido del entrenador.

En el pasado, otros miembros de la comunidad se han quejado de ser hostigados por sus opiniones favorables al acercamiento con el gobierno o la sociedad cubana. Comerciantes y artistas fueron boicoteados por este motivo.

En agosto del año pasado, grupos de exiliados intentaron que se suspendiera un concierto del cantautor cubano Pablo Milanés, percibido por muchos en Miami como un “propagandista” de la Revolución Cubana.

Finalmente el concierto en el American Airlines Arena, el estadio de los Miami Heat, se celebró y asistieron miles de personas.

El promotor de aquel concierto, Hugo Cancio, dijo que lamentablemente en Miami sigue existiendo beligerancia contra las opiniones contrarias.

“Da vergüenza que no se respeten las opiniones del prójimo. Estemos de acuerdo o no, es una opinión válida que debe respetarse”.

Pero Cancio cree que hace 15 o 20 años la coacción era mayor. En los ’90, Cancio asegura que recibió amenazas de muerte por promover conciertos en Florida de músicos cubanos y que incluso los exteriores de una sala de conciertos fueron atacados con un cóctel molotov.

“Por fortuna, esos exaltados han perdido fuerza”, dice Cancio. “Hoy son grupúsculos insignificantes de voces histéricas que se resisten a la democratización y reconciliación entre los cubanos. Son los últimos mohicanos”.