Frente Nacional de Campesin@s Simón Bolívar
MANIFIESTO

EL ALTO MANDO DE LOS EJERCITOS LIBERTADORES A LA TROICA DE LA COMUNIDAD DE ESTADOS LATINOAMERICANOS Y CARIBEÑOS CELAC.

Reunido en algún lugar de la posteridad latinoamericana, el comando de los ejércitos libertadores se dirige a la troica integrada por los presidentes Hugo Chávez Frías, Sebastián Piñera y Raúl Castro Ruz.

Nosotros: Simón Bolívar, Sebastián Francisco de Miranda, Antonio José de Sucre, Bernardo O`Higgins Riquelme, Comandante Guacaipuro, José De San Martín, Antonio Nariño, José Ignacio Abreu de Lima, Eloy Alfaro, Augusto Cesar Sandino, Manuel Marulanda, Negro Andresote, Tupac Katari, Manuela Sáenz, Luisa Cáceres De Arismendi, Bartolina Sisa, Josefa Camejo, Juana Ramírez (LA AVANZADORA) y demás oficiales de los ejércitos libertadores de la América latina, nos dirigimos públicamente, en un viaje intempestivo al futuro de los tiempos, los días 2 y 3 de diciembre de 2011, a Hugo Chávez Frías, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, a Sebastián Piñera, Presidente de la República de Chile y a Raúl Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba, integrantes de la troica que da los primeros pasos de la constitución de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y el Caribe (CELAC), cuyos países son y serán sedes de las cumbres de esta novel organización, además de 2011, en 2012 y 2013, respectivamente, para manifestarles nuestro más efusivo regocijo por la senda integracionista que dignamente retoman luego de doscientos años de independencia, asimismo, manifestamos un fuerte abrazo con decisión y coraje a estas mujeres presidentes de Argentina, Cristina Fernández, y la mandataria de Brasil, Dilma Rousseff, por los avances de esa política de genero que marcan los tiempos de igualdad y de justicia para la liberación.

Estas dos centurias, después de la terrible guerra que líbranos contra el imperio español, han servido, contrario a los que siempre han pensado que estamos muertos, para sentir, lamentar y visualizar los acontecimientos del vasto territorio que nuestras espadas libertaron. Duro y largo ha sido el camino luego de Ayacucho. La libertad que trajeron nuestras armas y el inmenso sacrificio de nuestros pueblos, hubieron de perecer una y otra vez, producto, por un lado, de las odiosas disensiones internas y por el otro, de las claras apetencias de los nuevos imperios, quienes aun tibios los acontecimientos donde victoriosamente participamos, lograron imponer nuevas formas de sometimiento. Como un rayo las premonitorias palabras de Bolívar, de que “Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar a la América de hambre y miseria en nombre de la libertad” se cumplieron religiosamente, cuando la potencia norteña, creando la ficción de un modelo de sociedad ideal, se apropiaron como si fuera suyo, los recursos de nuestro países para sufragar su dispendiosa forma de vida, mediando la más despiadada violencia; sin embargo, fue Europa, la que antes había financiado su progreso. La plata, el oro, el cobre, la biodiversidad y finalmente el petróleo fueron arrancados por sátrapas y usurpadores de todo género. A cambio dejaron la naturaleza destrozada, la miseria y el subdesarrollo depredaron la vida, desconocieron el decreto de Chuquisaca, desconocen los acuerdos de Kyoto, todavía tienen en propiedades robadas espacios como las Malvinas y que recién entregado el canal de Panamá desde aquella división de 1902 – 1903 y que ostentaron a través de la guerra de invasiones y asesinatos los imperios; y el imperio norteamericano sigue con las conductas terroristas asesinando los pueblos.

Como nos ha dolido, que las masas fueran sacrificadas impunemente; Sin contar el genocidio de los campesinos, aborígenes y de las afro ascendientes víctimas de la esclavitud Colonial, sabiamente reflejadas en la carta de acuerdo del CELAC firmada en caracas podamos desarrollar la visión histórica de lo que fue la carta de Jamaica, y las nuevas colectividades legalmente independientes, fueron arrinconadas en el anonimato de la muerte lenta que produce la más implacable miseria. Los hijos de la libertad han clamado desde las catacumbas la justicia mil veces burlada. Un sistema oprobioso cuyos máximos valores son la propiedad privada, la ganancia y el individualismo ha succionado por siglos nuestra riqueza, dejando a la par, mascarones de repúblicas afianzadas en un representativismo que mata todo concepto y practica de soberanía. Lo que las armas lograron en La Victoria, en Carabobo, en Pichincha, en Bombona y en Ayacucho, fue burlado a pesar de valerosos, pero fracasados intentos, por echar adelante modelos sociales, que retomaran los fines de la lucha que dejó decenas de miles de muertos en los campos de batalla.

Así quedaba sellado, que el destino de América latina es la lucha contra los imperios. Al español, portugués y británico, sigue ahora el norteamericano y posiblemente, si no se retomamos los caminos de la dignidad, la opresión proseguirá su macabro reinado.

Los países surgidos de la emancipación, hablando el mismo idioma, profesando la misma fe, compartiendo la misma geografía, desde el Río Grande hasta la Patagonia, heredando la carga heroica de Mayas, Aztecas, Incas, Chibchas, Caribes, Mapuches, afrodescendencia, Jirajaras y Caquetios, tienen la obligación de ser lo que deben en el concierto del mundo: protagonista, de su propio devenir, no sólo para consolidar un modelo real de democracia social, sino para conquistar el progreso y arrasar al capitalismo como el peor enemigo de la humanidad. Este nefasto sistema, que nosotros viviéramos en fase incipiente, pone al descubierto tremendas contradicciones. El llamado primer mundo, disfruta las conquistas del progreso y la riqueza mal habida a base de la explotación y apropiación de recursos que no les pertenecen. Antes creíamos que en ese primer mundo cabían sus colectividades, pero la realidad del neoliberalismo financiero demuestra, que la riqueza de la humanidad esta acaparada por sólo el 1% de los habitantes, producto de lo cual recientemente se han desarrollado novedosas formas de luchas en Europa y Estados Unidos, con los autodenominados “indignados”, que en el caso norteamericano, enarbolando la consigna “somos el 99%”, “Ocupemos Walt Street” moviliza a millones de ciudadanos.

No se crean, no se engañen, que la sola declaración hace la integración, sino recuerden lo que paso en 1826, cuando esta propuesta fue desvanecida por la habilidad de los norteños y por el oportunismo entreguista de las noveles burocracias traidoras. La gran nación que tendría por capital el Istmo de Panamá, se volvió aguas, sin embargo el ideal de la nación latinoamericana, aparentemente sepultada habría de seguir, vivía en el corazón de millones de compatriotas. Cabe recordar que la mascarada llamada OEA, ha corrido igual suerte, siendo prisionera del imperio, así como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, siguiendo en el ámbito planetario de la ONU, del Consejo de guerra de la OTAN, de la Corte Penal internacional y de los llamados organismos multilaterales, que han convertido el derecho internacional en una lamentable ficción para la muerte y la invasión.

Un factor que deben tomar en cuenta a la hora de delinear la CELAC, es la capacidad militar del imperio norteamericano capaz, con la amenaza nuclear y tecnológica, aunado al chantaje financiero, fascista y a la falsa lucha contra el terrorismo y el narco trafico, imponiendo la bota militar, si no miren lo que pasó el Irak, en Afganistán, en Yugoslavia y últimamente en Libia, con el arrase de ese pueblo, el robo de sus reservas internacionales, y el asesinato de Gadafi. El sistema internacional forajido esta a la vista y la hipocresía mundial es una afrenta que deben tener siempre en cuenta.

La lección al respecto retrata que la integración que hoy retoma la CELAC, además de económica y cultural debe ser militar y proclamar a la América latina como territorio de paz, no la exime de preparar a sus habitantes, con todos los medios necesarios para defender su soberanía. El Pacífico, el Atlántico y el Caribe deben ser tenidos como elementos geopolíticos ineludibles a nuestra existencia regional, y los visos colonialistas deben desaparecer de ella. Los inmensos ríos y mares deben ser vínculos para la integración y el progreso, evitando el recalentamiento de la tierra para el aprovechamiento civilizado de las sabanas y montañas de fauna y flora, para una respuesta alimentaría que rompa con el dominio del FMI, BM Y OMC, donde la ciencia y la tecnología se ponga a disposición de las sociedades para la vida y para la paz, y evitar calamidades humanas como la ocurrida en Japón, Haití, Somalìa, la India, china (donde terremotos y maremotos) crecidas de ríos producen grandes calamidades; un enorme ferrocarril debe cruzar de Texas a Buenos aires; la energía venezolana debe desparramarse como riqueza de los latinoamericanos, la ciencia y la agricultura deben proveer salud y alimentación para todos. Las fronteras de las patrias chicas deben flexibilizarse en función de la patria grande; el pasaporte debe ser LATINIAMERICANO y los servicios básicos deben prestarse en cualquier lugar del continente sin que medie requisitoria que impida la satisfacción de las necesidades humanas.

Estimados, Hugo, Sebastián y Raúl. La efectividad de la CELAC, debe romper la conducta perniciosa y alcahueta de la OEA y de los fueros regionales de los derechos humanos, liberarse de todo tutelaje colonial. Es imperiosamente necesario vincular el futuro luminoso que ustedes promueven con la ausencia de los Estados Unidos y Canadá de estos escenarios y no debe permitirse que nazca y se entronicen formas autoritarias de dominación infra regional. Que cada nación, pequeña o grande sea tratada con dignidad, que cada espacio de autodeterminación sea garantizado, que nuestro mensaje al mundo sea la construcción de la ciudadanía de la justicia, la dignidad y los derechos humanos.

Igual tratamiento debe tener el problema ambiental, duramente golpeado por la depredación capitalista. Nuestras selvas, fabulosa hidrografía y biodiversidad, deben ser el escenario donde crezca el hombre y la mujer en equilibrio con la naturaleza. Cada átomo, cada molécula de agua, cada especie, debe ser preservado como patrimonio de los latinoamericanos. En América latina debe sumarse a los ordenamientos jurídicos para siempre y como parte fundamental de ellos, LOS DERECHOS DE LA MADRE TIERRA.

De la misma manera, debe ser fundamento de la CELAC, la cosmogonía, la visión y la pluriculturalidad que en la guerra de independencia observamos maravillados cuando avanzábamos victoriosos de pueblo en Pueblo. Las manifestaciones andinas, ancestrales y criollas deben ser lo que realmente son: el rostro de una maravillosa colectividad de seres libres y felices.

Maravillados, apreciados presidentes, estamos del florecimiento de la más variada gama de organizaciones sociales, tan complejas y de tan disímiles banderas. La CELAC, no debe nacer para tutelar la lucha, sino para resolver los motivos que la sustentan. Ningún motivo debe impedir, que Paraguay y Bolivia no tengan salida marítima; que la Agroecologia no suplante la agricultura depredadora capitalista; que se imponga el comercio de intercambio justo, la moneda regional y un poderoso fondo financiero que dinamice los proyectos socio productivo de la región. De la misma manera los grandes proyectos deben tener una connotación abarcadora para la mejor utilización de los recursos y las ventajas con la que la GEO-ubicación nos ha privilegiado. Poseemos tierra, energía, agua, ciencia y talento suficiente para hacer realidad la gran Patria Latinoamericana, que con Bolívar a la cabeza, visualizamos en 1826.

A la vez de alertarles sobre el poder que Ustedes concentran en nombre de sus países y de la región, queremos advertirles que dicho poder le pertenece al pueblo, su dueño originario. Nada puede determinar el destino de los pasos que dan y que darán en el futuro, más que la opinión crítica y favorable de los latinoamericanos y en su nombre no deben ensayarse experimentos que pongan en riesgo la vigencia y estabilidad del conjunto. La democracia que entre en vigencia en la Unión que propugnan debe ser protagónica, participativa y social, donde el centro, la acción y los frutos de los desarrollos político-económicos sea el hombre y la mujer, la felicidad colectiva, el equilibrio ambiental, el progreso y la paz.

Un llamado hacemos a los ciudadanos y ciudadanas latinoamericanos, a cuya libertad e independencia hemos coadyuvado con los más excelsos sacrificios, para que estén prestos a defender la soberanía, los logros y la libertad, la paz y los derechos humanos; ese debe ser el primer deber. Somos una sola nación. A pesar de la diversidad lingüística y cultural respiramos por un mismo pulmón histórico, nos unen las mismas causas, dolores y sacrificios. Cada palmo de tierra latinoamericana debe ser defendida por todos y el destino de cada cual en asunto colectivo hasta el final de los tiempos.

Hemos sido designados por la historia como libertadores y además ciudadanos de estos millones de almas, de esta multitud de ideas para el cambio social. No nos ha sepultado el tiempo: con Neruda hemos resucitado, también con Atahualpa Yupanqui, Pancho Villas, Andrés Bello, con Morelos y con Rivera en sus murales de las multitudes. Hemos vibrado con cada mirada indignada, con cada irreverencia del más humilde de los seres en alguna plaza de Lima, de Quito, de San José, de Bogotá, de Río de Janeiro, de Caracas, de Managua, argentina, Panamá, Uruguay…Eso nos ha alimentado los largos años de silencio. Hemos palpitado con las novedades de Los Sin Tierra, con el largo y subterráneo grito de los indígenas de los Andes, con la revolución ciudadana de Ecuador, con la inclusión social brasileña, con la re-dignificación argentina, con la nación pluricultural surgida del difícil proceso Boliviano y con el modelo de sociedad del siglo XXI, que brota día a día de la revolución Bolivariana, con preocupación hemos observado el asesinato producto del sicariato y de la lucha contra el latifundio de mas de 250 campesinos y campesinas, asimismo, observamos con preocupación el trato que movimientos populares en armas vienen sufriendo de hace mas de 50 años, en algunos nuestros territorios de Latinoamérica, que nos hacen recordar al líder de masas, de pueblos de Colombia Jorge Eliécer Gaitan, al cual hemos incorporado por meritos, principios y conciencia al alto mando de los ejércitos libertadores.

Nos sabemos útiles cada vez que sentimos que en América Latina nace el mundo alternativa al capitalismo, a la multipolaridad necesaria y a la conciencia del destino humano ligado indisolublemente a la madre tierra. Por todo lo cual estimados presidentes, la troica que Ustedes son voceros, es la única alternativa para que nuestra estirpe, como escribiera el Gabo García Márquez, no sea condenada a otros cien años de soledad.

¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE! ¡VENCEREMOS!

POR UN MUNDO DE PAZ, AMOR E IGUALDAD Y JUSTICIA SOCIAL

CHAVEZ; NUESTRO COMANDANTE

VENCEREMOS.

FRENTE NACIONAL SOCIALISTA DE CAMPESINOS, CAMPESINAS, PESCADORES Y PESCADORAS SIMON BOLIVAR

MOVIMIENTO CAMPESINO JIRAJARA