
«La pobreza en Brasil tiene rostro femenino», manifestó la mandataria brasileña, quien explicó que esa es la razón por la que las políticas públicas de inclusión social y salud deben focalizarse en las mujeres.
Agregó que ese tipo de política social logró revertir en los últimos años una situación que perduraba en Brasil desde la época de la esclavitud, cuando los negros, indígenas y pobres debían ir detrás del Estado en busca de asistencia. «Ahora es el Estado el que va en busca de esas poblaciones», dijo Rousseff.
También resaltó la creación en Brasil, en 2003, de la Secretaría de Políticas de Promoción de Igualdad Racial (Seppir), la aprobación el año pasado del Estatuto de la Igualdad Racial y la obligatoriedad de la enseñanza de la historia afrobrasileña en las escuelas del país.
Se refirió además a las «consecuencias dramáticas» que la esclavitud le produjo a Brasil, entre ellas la desvalorización del trabajo y la invisibilidad de los pobres.
«En estos 123 años (desde que finalizó la esclavitud en Brasil), sufrimos las consecuencias dramáticas de la esclavitud», dijo la mandataria, que puso como ejemplo «la sistemática desvalorización» del trabajo realizado por los otrora esclavos, lo cual «resultó en la desvalorización de cualquier tipo de trabajo en Brasil».
Según Rousseff, la característica más notoria de ese periodo fue la invisibilidad de los más pobres. Esa «herencia», según Rousseff, fue combatida en los últimos años mediante la creación de políticas sociales basadas «en la certeza de que el crecimiento del país sólo será posible con distribución de renta e inclusión social».
La «buena herencia» de la esclavitud, según la mandataria, es el hecho de que millones de brasileños hayan participado de la construcción de la nacionalidad brasileña, junto con las poblaciones indígenas, europeas y asiáticas.
Esa «biodiversidad cultural» es una de las mayores riquezas del país y constituye una gran contribución para el mundo, añadió, especialmente en momentos en que resurgen en varios países prejuicios contra inmigrantes.
Recordó asimismo que pese que Brasil posee la segunda mayor población negra del mundo, calculada en unos 97 millones de personas, detrás únicamente de Nigeria, la discriminación aún persiste. Ese dato, según Rousseff, queda demostrado en el hecho de que los afrodescendientes son los que más sufren la pobreza y el desempleo en el país.
En otro orden, Rousseff abogó por que la relación entre Brasil y los países africanos sea cada vez más fuerte.
Al término del evento, Rousseff ofreció un almuerzo a los jefes de Estado presentes en la cita, entre ellos el presidente de Uruguay, José Mujica, y el presidente de Cabo Verde, Jorge Carlos Fonseca, con quienes la mandataria mantendrá además encuentros bilaterales.
