Pyotr Iskenderov
Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona

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La sesión número 66 de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, ONU que se inició el 13 recién pasado, promete convertirse en un hito en la historia de la organización.  Su agenda pareciera reflejar toda una gama de temas fundamentales en los asuntos internacionales contemporáneos, desde la actual situación en África del Norte y el Medio Oriente hasta las dimensiones legales del problema de los estados auto-proclamados.  Se espera que la campaña palestina por la condición de estado encienda debates particularmente ardorosos entre los que apoyan y los que se oponen a Palestina invocando varios precedentes actuales tales como Kosovo.

Con el objeto de evitar un posible veto norteamericano, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, rechazó a priori la opción de plantear la cuestión en el Consejo de Seguridad de la ONU.  En cambio, esto será discutido por la Asamblea General de la ONU a la cual varios líderes de países y gobiernos ya han confirmado su asistencia.  Mahmud Abbas distribuirá un borrador sobre la correspondiente resolución directamente al Secretario General Ban Ki-moon.  

El dilema equivale a la plena condición de miembro de la Organización de Naciones Unidas para Palestina con capital en Jerusalém Oriental o el reconocimiento de Palestina por la ONU como un estado no miembro de esta.  Ambos resultados son aceptables para Palestina que si consigue el status de no miembro será todavía capaz de postular a la condición de miembro en cierto número de organizaciones internacionales y endosar el Estatuto de Roma de la Corte Internacional de Justicia.

Aparte de Holanda, la República Checa y posiblemente algún otro país europeo que brindan apoyo a Israel que se resiste con vehemencia, la mayoría en la Unión Europea posiblemente apoye la resolución propuesta por Palestina como también la mayoría de los países árabes y otros países musulmanes.  En consecuencia, la cuenta de Palestina en la Asamblea General de la ONU podría de manera realista llegar de 120-130 entre 193 aunque mucho va a depender de las gestiones que haga Estados Unidos.  Hasta ahora Washington sigue un tanto cerrado acerca de sus planes.  El año pasado Obama se refirió a la posibilidad que Palestina gane la condición de miembro de la ONU al momento en que los representantes se reúnan en el marco actual de la Asamblea General, aunque posteriormente el Departamento de Estado explicó que la referencia hecha por el presidente norteamericano debería entenderse como una expresión de esperanza y de ningún modo como un llamado a votar a favor de admitir a Palestina en la ONU.  

Encima de ser capaz de influir en los países miembros que votan en la Asamblea General, Washington tiene derecho a veto en el Consejo de Seguridad.  La Carta de Naciones Unidas establece que “la admisión de un estado a la condición de miembro de la Organización de Naciones Unidas, será efectuada mediante decisión de la Asamblea General a través de una recomendación del Consejo de Seguridad.”  Si no fuera por el inminente veto de Estados Unidos, Palestina podría ganar un asiento en la ONU por vía del Consejo de Seguridad.

Ya está claro que el panorama incluyendo a Estados Unidos, Europa Occidental, la Organización de la Conferencia Islámica y la Liga Árabe, que actuaron en concierto sobre los Balcanes, Libia, etc., se dirige hacia graves divisiones.  El desacuerdo podría traducirse en notorios cambios geopolíticos y llegar como prólogo de un nuevo juego que afecte el espacio pos-soviético junto al Gran Medio Oriente.  

En vísperas de la reunión de la Asamblea General, Ban Ki-moon pronunció un discurso programático sobre el mantenimiento de la paz internacional y la prevención de conflictos, que en el mundo de hoy son motivo de gran controversia.  Junto con reiterar que la bien conocida “Diplomacia Preventiva ha sido una idea recurrente en la ONU durante muchas décadas” el Secretario General de la ONU prosiguió señalando que “hoy en día la diplomacia preventiva, con recursos relativamente modestos, está dando resultados concretos en muchas regiones del mundo, ayudando a salvar vidas y a proteger los logros alcanzados.”  Citó como ejemplos a Kenia, Guinea y a la República Democrática del Congo. “Con un mayor conocimiento, asociaciones más fuertes y mejores instrumentos, estoy convencido que es posible fortalecer aun más la capacidad de la comunidad internacional para  una diplomacia preventiva en beneficio de la paz, la seguridad y el desarrollo.” Agregó que las resoluciones de la Cumbre Mundial del 2005 donde los países miembros reafirmaron el compromiso de construir una “cultura preventiva” reforzar la ONU y llevar a cabo esfuerzos colectivos deberían servir como el basamento legal para lo dicho anteriormente.

No obstante, lo que se vislumbra detrás de la actual agenda de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, es una multiplicidad de problemas en el tratamiento de conflictos internacionales en vez de desarrollos que garanticen tal optimismo.  La ONU se verá enfrentada con los problemas del Medio Oriente, el espacio pos-soviético, Palestina y Chipre.  Un tema particular en la lista lo ocupa la prevención de los conflictos armados.  

Líderes de varios países intentan retomar el tema de los Balcanes en el proceso general de debates políticos. Durante las últimas semanas, Kosovo se ha ido deslizando hacia una nueva ronda de hostilidades armadas y la situación evidentemente invita a la “Diplomacia Preventiva” de Ki-moon, la cual la comunidad internacional durante años ha fracasado en poner en práctica.  Desde los 90 la ONU ha hecho urgentes esfuerzos por desactivar los conflictos balcánicos pero no ha creado bases sólidas para la estabilidad de la región.  La aplicación del derecho internacional durante el proceso fue altamente selectiva y además en los últimos años la interpretación de la denominada “intervención  humanitaria” se ha expandido a tal extremo que ha autorizado a los arquitectos del nuevo orden internacional a lanzar ofensivas militares en gran escala en contra de países y regímenes renuentes.

Actualmente, la ONU prácticamente ha renunciado a su rol en el manejo de los principales problemas regionales y ha delegado sus correspondientes responsabilidades en la OTAN, la Unión Europea y otros factores.  Washington y los centros europeos occidentales, especialmente París y Londres de manera egoísta mantienen su propio plan de largo alcance para un reajuste político en los Balcanes, África del Norte y el Medio Oriente al tiempo que la ONU solo habla de política sin siquiera intentar restablecer el derecho internacional.  

Del mismo modo, según documentos anteriormente secretos quedó en claro que Ban Ki-moon estuvo entre los primeros que apoyaron la autoproclamada independencia de Kosovo.

De acuerdo con el periódico en idioma albano Koha Ditore publicado en Pristina, Ban Ki-moon se reunió con el representante permanente norteamericano en la ONU, Zalmay Khalilzad, cuando Belgrado y Pristina sostuvieron conversaciones bajo los auspicios del trío Rusia-Estados Unidos-Unión Europea para expresar que él, de manera personal, apoyaba la idea de estatidad para Kosovo pero que estaba preocupado por la resultante confrontación con Rusia.

El representante de Qatar en la ONU, Nassir Abdulaziz Al-Nasser quien preside la actual sesión en la Asamblea General de la ONU dijo después del primer día del foro que los debates deberían enfocarse a través de la mediación.  La verdad es que durante los últimos años, con el acuerdo de la ONU, la OTAN, la Unión Europea y algunas instituciones internacionales de manera rutinaria han hecho a un lado la mediación y cualquier otra diplomacia orientada hacia el compromiso.  Si el Secretario General de la ONU pudo, en clara ruptura con la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU brindar apoyo a la auto-proclamada independencia de Kosovo además de indicar que esto estaba dentro de sus propias metas personales, resultaría completamente natural que la ONU como un todo comenzara a ser suficiente con un papel de fondo en los asuntos internacionales.  

La iniciativa palestina podría encabezar la agenda de la Asamblea General de la ONU, pero sin duda alguna, la verdadera decisión sobre el problema palestino se tomará  en otra parte.

Del mismo modo, la ONU con toda su diplomacia y mediación sencillamente no tiene ninguna autoridad en las situaciones en torno a Libia, Siria e Irán.  

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