Embajador Oscar Laborde (*)

Se realizaron por primera vez las elecciones primarias en nuestro país. Fue una iniciativa política que se presentó desde el gobierno nacional, aprobado por mayoría en el Congreso, pero boicoteado en la práctica por los medios de comunicación monopólicos y por los partidos de oposición. Era el temor de lo que podía suceder lo que los llevó a querer negar una herramienta electoral más participativa y que aportaría a una mayor base democrática y de compromiso social ante la elección de los candidatos.  Por fin se realizaron ayer, con un alto nivel de asistencia, superior al 77 % de la población, lo que le da más respaldo a los  resultados.

Ganó Cristina con más del 50 %, dándose una paridad en el segundo lugar entre Ricardo Alfonsín (Unión para el desarrollo social) y Eduardo Duhalde (Alianza Frente Popular) con el 12 % cada uno. La diferencia es tan amplia y las fuerzas de oposición quedaron tan fragmentadas que les será difícil remontar esos resultados, de aquí al 23 de octubre, donde se realizarán las elecciones presidenciables.

Este triunfo se dio en medio de un bombardeo de ataques contra el gobierno, tocando lo más preciado de estos años como son la política de derechos humanos y la instalación de una Corte Suprema respetada, con juristas de la talla de Raúl Zaffaroni. Pero, a pesar de todas estas artimañas, resulta tan grosero el accionar de estos sectores de poder económico y político que nuestro pueblo los conoce y les respondió de manera contundente en las urnas.

Esta reacción popular se debe a que simplemente  y como dijo un periodista comparando los logros de nuestro gobierno: “cómo están el mundo y el país, los argentinos decidieron no suicidarse”.

Es evidente la comparación del proceso argentino con las noticias que llegan desde afuera. Algunas nos tocan desde cerca, como cuando vemos a Chile y la lucha de esa juventud que salió a las calles por una educación gratuita, y un presidente que se anima a sentenciar que en esta vida debe pagarse por todo. En Europa y los Estados Unidos en donde se caen los mitos del primer mundo como modelo de vida y se pone en cuestión hasta donde se llegará. A Londres y varias ciudades inglesas que se sienten “invadidas” y que están viendo una película de otro mundo. España y sus indignados. Y por sobre todo, los argentinos ya hemos escuchado hasta el cansancio esas palabras que resuenan en este momento: ajuste, recorte, exclusión, deuda, especulación.

Se llegó a esta etapa del proceso, con decisiones políticas muy fuertes y fuera de lo común como la “desobediencia” de pagar con reservas del Banco Central los vencimientos de la deuda externa. Cuando se puso como presidente del Banco Central a Mercedes Marcó del Pont que no respondía al establishment o medidas cuestionadas por la iglesia como el  matrimonio igualitario. Y decisiones que llevaron a más del 6% del PBI para educación, la Asignación Universal por Hijo, las computadoras gratuitas distribuidas entre los alumnos del nivel Medio que demostraron la intención del gobierno por más distribución de los ingresos y más equidad.

¡mo nuestro pueblo no va a votar a Cristina y aprecie que estamos mejor que los países del “primer mundo” y no la aplauda cuando dice que lo central “es construir la autonomía de la política respecto del poder económico” y lo acentúa cuando plantea que no sólo la democracia política, sino también la democracia económica son grandes constructoras de igualdad!

El impresionante triunfo de Cristina Fernández pone en evidencia, entre otras cosas, que «no hay oposición». O para ser más precisos: que está fragmentada y dispersa. O también: que la oposición no tiene un candidato lo suficientemente atractivo para enfrentar con alguna posibilidad a la muy buena candidata que es la Presidenta.

Pero, lo más importante es que continuó fomentando las políticas económicas implementadas desde hace ocho años por Néstor Kirchner, orientadas a devolverles a los trabajadores su bien más preciado que es el empleo y el salario. Es el modelo que los sectores más postergados votaron, por una cuestión de «dignidad», explicada en que durante la administración kirchnerista un amplio margen de la población tuvo acceso al consumo y se sintió incluida no sólo en el sistema económico, sino en el cultural. Y es también la reafirmación de las políticas de integración regional, en particular la que se expresa en la UNASUR.

El 27 de octubre de 2010 murió Néstor Kirchner. La masividad popular y el estallido con dolor que se expresó, mostró otro dato y fue el acompañamiento social que sorprendió a la mayoría. Se dejó ver en la superficie un fervor militante inesperado y una valoración de las medidas impulsadas por los siete años, de gobierno kirchnerista y la aparición novedosa del respeto por la política. El domingo fue reafirmar ese camino.

Se está consolidando un proceso. Todavía falta mucho por mejorar y por hacer. Hay que afrontar en octubre el desafío de continuar y profundizar este camino con más participación social. Pero, además, todo lo que avancemos en nuestra querida Patria, será un avance también en el proceso que se inició junto a nuestros hermanos latinoamericanos.
(*) Oscar Laborde es Representante Especial para la Integración y la Participación Social de la Cancillería Argentina.