Rolando Moreno
Luego de años de anunciar que su gobierno no haría nada en contra de la gente, la presidenta Cristina Fernández y su equipo económico se han despachado (hasta el día de hoy 23-01-14) con una devaluación del 20% del peso argentino en lo que va del año, enviando al traste el relato económico sostenido durante los últimos años por la heredera de Néstor Kirchner, iniciador y mentor de la corriente política denominada kirchnerismo.
De esta forma, Cristina está cumpliendo con las imposiciones que le demandan los factores económicos para intentar conseguir un posible apoyo político a su proyecto para continuarlo más allá del 2015, y lograr cierto grado de poder político que la proteja de futuras acciones judiciales en su contra en manos de la justicia de las corporaciones económicas que la quieren ver fuera del gobierno mucho antes del 2015.
Así, cediendo a la devaluación, negociando con el Club de París (19 países poderosos) y estableciendo acuerdos con empresas extranjeras se intenta llegar al próximo año con algún candidato más o menos presentable para la sociedad que sea confiable (como no lo fueron Duhalde, Lavagna, Cobos, Alberto Fernández, Redrado, Sergio Massa, Amado Boudu, Daniel Scioli) u otros integrantes del gobierno kirchnerista en estos 10 años de crecimiento con 1.5 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan en la Argentina de la soja, la yerba mate, la carne, el vino y el dulce de leche.
La devaluación negada, es un zarpazo al bolsillo de los trabajadores formales e informales, jubilados y pensionados, maestros, amas de casa que ven como la devaluación es trasladada a los precios (de forma lineal) por las empresas alimenticias y farmacéuticas, apropiándose de los salarios y ajustando la vida cotidiana de los argentinos, desilucionados nuevamente por un gobierno que termina negociando con el gran capital internacional y paga la deuda externa como ningún gobierno lo hizo en la historia de la Argentina.
