Dr. Marcelo Osman
La presidenta argentina Cristina Fernández afirmó nuevamente que «debemos incorporar más ciencia y tecnología para que haya más trabajo» ¿Pero que implica en realidad incorporar ciencia y tecnología?
La ciencia y la tecnología poseen bajo el capitalismo, normas de acumulación que definen como, cuando y para qué se innova, siendo las propias características del sistema quien determina el «progreso técnico» producido por la innovación que genera la ciencia y la tecnología para aumentar la productividad y bajar los costos de producción.
Los neoclásico y neokeynesianos que le soplan al oido la política de ciencia y tecnología a la presidenta Cristina Fernández, quien reconoció públicamente no saber demasiado sobre estas temáticas, han determinado prioridades que para determinar cuales tecnologías serán desarrolladas como óptimas suponiendo que estas acciones crearán más trabajo en el país.
El cambio tecnológico o una mayor incorporación de ciencia y tecnología a la manufactura de materias primas en origen, pero como hacerlo pactando con empresas transnacionales como Monsanto, Barrick Gold o Dupont? ¿Quién pudo haber convencido a Cristina que la inversión de capital en innovaciones relacionadas con organismos genéticamente modificados realizadas en centros de investigación en Argentina pueda considerarse un cambio tecnológico positivo?
Por ejemplo, La valorización de granos de soja o maíz transgénco dificilmente pueda considerarse incorporación sana de ciencia y tecnología aunque supuestamente aumente la producctividad por hectáreas de cereales (hecho no probado aún científicamente) pero propagandizado por empresas como Monsanto y «comprado» por una presidenta de un estado soberano. Tránsgénicos, nanotecnología o agro-combustibles no son precisamente ejemplos de decisiones acertadas en materia de innovaciones, pues poco de innovación poseen.
La política de creación de monopolios mediante patentes y cobro de royalties, modelo promovido por la presidenta, solo genera dependencia de las propias empresas extranjeras de las que retóricamente quiere independizarse, aunque los contundentes hechos de la realidad tecnológica argentina dan por tierra la venta de humo de un futuro tecnológico del capitalismo argentino a lo Tecnópolis (fería tecnológico de mediana calidad)
La ciencia y la tecnología no es neutral en el capitalismo y tiene operadores dentro de los gobiernos que van orientando las inversiones hacia aquellas tecnologías de interés transnacional.
A través de la innovación se modifican las proporciones de trabajo contenido en las mercancías y modifican los precios relativos que orientan la producción, creando ganancias extrordinarias para las compañias transnacionales y relegando al país a una función de cobro de royalties que dependerán de las condiciones de oferta y demanda de los mercados internacionales de commodities en un sistema capitalista en crisis mundial.
Las empresas se apropian de conocimientos universales creados por los trabajadores científicosy tecnólogos que se han creado en universidades nacionales pero que han fugado del país en ´decadas anteriores y que ahora se muestra como conocimiento nacional con científicos argentinos, pero al servicio de intereses especialmente estadounidenses.
Introducir tecnología en una economía capitalista guiada por negocios inducidos por capitales extranjeros puede derivar en inversiones nacionales que servirán de captación de recursos ( ¿que innovación puede aportar nuevas variedades de semillas transgénicas a la ciencia y tecnologías nacionales?) y materia de impacto social o inclusión social directa no se aprecian ya no aplicando criterios científicos sino sentido común: el relato registrar patentes de resultados de investigaciones y presentarlas en oficinas de Estados Unidos y Europa es precisamente el método aplicado por estos países para crear sus monopolios globales y cobrar ingresos a los agricultores junto con los fertilizantes, los herbicidas y demas componentes de paquete tecnológico global.
Lamentablemente, el paquete tecnológico vendido a Cristina por Lino Barañao, ministro de ciencia y tecnología y los científicos de Conicet, va en crecimiento constante con una ecuación transnacional que para la Argentina tiene un resultado menor que cero.
(*) Marcelo Osman es Doctor en Biología
