Fabián Pena
Marcas y alimentos
Las grandes empresas multinacionales productoras y comercializadoras de alimentos representan uno de los bloques de poder más importantes y estratégicos a escala mundial, tanto por su capacidad de incidir sobre las economías nacionales dado su alcance territorial mundial, como por la concentración de poder de decisión en pocos actores, factores que los convierten en potentes agentes de intervención e influencia política e ideológica sobre los gobiernos en desarrollo y menos avanazados, llegando a cooptar a buena parte de ellos.
En el sector de alimentos primarios, cuatro conglomerados de Estados Unidos ADM, Bunge, Cargill y Dreyfuss dominan y controlan el 90% del mercado mundial de granos básicos, cereales y leguminosas[1], luego, parte de estos alimentos son procesados para el consumo humano transformándolos en productos de consumo masivo comercializados a través de Marcas como estrategia principal de venta con márgenes de ganancia extraordinarios.
En el sector de alimentos manufacturados, los últimos informes publicados relacionados con los principales grupos transnacionales revelaron que solamente 10 empresas producen y distribuyen más de 2.150 productos alrededor del mundo, con una facturación superior a los 1000 millones de dólares por día.
Las empresas Coca Cola tiene registradas más de 400 marcas, Pepsico 22 marcas, Kelloggs más de 65 marcas., Nestlé 31 marcas bajo las que distribuye 146 productos, Johnson & Johnson más de 75 marcas, P&G más de 300 marcas, Mars más de 100 marcas, Kraft más de 150 marcas, Unilever más de 400 marcas y General Mills más de 100 marcas bajo las que se distribuyen más de 615 productos.
Estas 10 empresas controlan el mercado de consumo masivo a través de sus marcas comerciales. Un descriptivo mapa indica la red de Marcas creada por estas corporaciones alimenticias (ver el siguiente gráfico)
Asimismo, los datos del ranking 2012 de los 500 mayores grupos empresariales del mundo que publica anualmente la revista Fortune informan que estas representan aproximadamente el 45% del PIB anual mundial (ver listado aqui).
La mayor cadena de comercialización minorista estadounidense – Wall Mart- ocupa el segundo lugar en ventas, instalada en 13 países (Centro y Sur América, Japón y China) y facturando 446.950 millones de dólares anuales.
Poder económico y cultural
Las casas matrices y sus subsidiarias tienen cuatro características de gran importancia para la “gobernanza” de sus negocios mundiales. Lideradas por empresas y cadenas de comercialización de Estados Unidos y Europa poseen una capacidad fáctica de imposición de condiciones sobre la oferta y la demanda de productos determinando “de facto” y por fuerza bruta los costos y los precios de los alimentos y bebidas.
El dominio de la cadena total de producción/importación, distribución /transporte, almacenamiento y puesta en venta hacen de este sector un poder superior a cualquier Estado nacional con 4 factores que pueden caracterizarse como los principales causantes de esta fuerza:
-Gran capacidad de demanda de bienes y servicios intermedios que condiciona a los productores nacionales.
-Elevada capacidad de compra, en especial a través de las actividades comerciales, sobre la producción de gran parte del resto del sistema productivo, fijando los precios de compra a los proveedores de las grandes cadenas de producción, distribución y comercialización.
-Fuerte control de la oferta, tanto cuantitativa como cualitativa, en base a su volumen de producción, determinando los precios por oferta o generando escasez como política comercial en aquellos países en que sea necesario hacerlo.
-Poder de instalación de las tendencias de productos a consumir, dirigiendo las pautas culturales de la sociedades y en general armonizar los patrones de consumo de alimentos y bebidas.
Tecnología transgénica
La introducción del “Paquete Tecnológico” en los países agrícola-ganaderos fue la herramienta creada por los conglomerados extra-nacionales que a través de la empresa Monsanto para apoderarse del 80% del mercado de las semilla transgénicas, seguida por Aventis con el 7%, Syngenta con el 5%, BASF con el 5% y DuPont con el 3%. Estas empresas también producen el 60% de los plaguicidas y el 23% de las semillas comerciales, según datos de los propios productores.
En los últimos años, la afectación de capitales financieros a la comercialización de granos y la producción de agro-combustibles han desestabilizado los mercados de alimentos creando precios ficticios a través de burbujas.
En la actualidad, el geo-referenciamiento alimentario indica que casi dos tercios de los cultivos transgénicos que se producen en el mundo se encuentran en los Estados Unidos (59%). Aunque la superficie plantada de cultivos transgénicos en este país sigue creciendo, se reduce su proporción relativa de superficie mundial cultivada que ha disminuido rápidamente, al haber incrementado Argentina un 20%, Brasil un 6%, Canadá un 6%, China un 5%, Paraguay un 2%), y Sudáfrica un1%.
Los organismos genéticamente modificados OGMs se cultivan en 7 países industrializados; Estados Unidos, Canadá, Australia, España, Alemania, Rumania y Bulgaria y en 11 países en desarrollo Argentina, China, Sudáfrica, México, Indonesia, Brasil, India, Paraguay, Uruguay, Colombia, Honduras y Filipinas.[2]
Permitir el control de la producción, distribución-abastecimiento y comercialización del principal insumo humano, en manos de capitales corporativos estadounidenses, canadienses, europeos ha sido la causa de la crisis de abastecimiento de alimentos en los países en desarrollo y menos avanzados: un instrumento del capitalismo corporativo mundial que impide avanzar en las políticas independientes de seguridad alimentaria.
