Franklin Soler
“Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano, publicado por vez primera hace mas de cuatro décadas, es un libro de palpitante actualidad. Me enteré de este libro por el Comandante Chávez cuando lo regaló a Obama en una cumbre. Movido por la curiosidad lo leí. Al leer este libro fue como si me quitasen una venda de los ojos. El recorrido por sus páginas me marcó como Indoamericano. Parodiando al poeta cuando dijo: nosotros los de entonces ya no somos los mismos, hoy puedo decir que desde entonces ya no soy el mismo. El libro es un grandioso ensayo-denuncia donde con una narrativa ágil, cruda, documentada y digerible, Galeano nos cuenta del saqueo histórico de Indoamerica por parte de las potencias capitalistas del mundo y como ese saqueo y muchos otros factores de dominación y explotación históricas prefiguran el cuadro actual de gran parte de los países al sur del río Bravo.
El libro se estructura en dos partes. Cada parte tiene un nombre que corta como una verdad. La primera parte se denomina: la pobreza del hombre como resultado de la riqueza de la tierra y la segunda parte se denomina: el desarrollo es un viaje con más náufragos que navegantes. No pretendo hacer un resumen del libro, ni es mi intención ahorrarles a los posibles lectores el placer y el privilegio de leer dicha obra. Solo resaltaré algunos aspectos que mas interesan para la construcción de mi columna. La primera parte trata del saqueo, en la etapa temprana de la conquista y la colonia, de los recursos naturales, metales preciosos principalmente: oro y plata, por parte de las potencias capitalistas europeas (Inglaterra principalmente) utilizando a España de cruel y asesino ejecutor. Y como ese saqueo de cantidades fabulosas de oro y plata contribuyó a financiar y a crear el desarrollo del capitalismo industrial y manufacturero europeo. Y como después de saqueados los metales y nacer un capitalismo industrial feroz se obliga a las colonias a adoptar un esquema de simples consumidoras de las mercancías manufacturadas en Europa a costa de las materias primas baratas (cacao, café, algodón, añil, tabaco) que son producidas en América por la sangre, sudor y lagrimas de millones de espaldas negras e indias dobladas por el acero y la infamia. En esta primera parte se explica claramente porque Latinoamérica adopta el puerto libre como modelo económico y por que nunca desarrollamos una burguesía nacional con conciencia patria. Aquí nos habla del corte y el desangre histórico de las venas de vida de nuestra región.
En la segunda parte se narra el desangre continuado, pero ahora con nuevos actores y nuevos métodos. Hay nuevo amo: Estados Unidos, ya no Inglaterra o Europa. Ya no es el oro o la plata, ahora es el petróleo, el hierro, el cobre, el estaño, etc. Aun continúan los monocultivos depredadores: cacao, café, algodón, caña de azúcar. Ya no es España el ejecutor local del despojo para la nueva potencia, ahora son las dictaduras de derecha o gobiernos “democráticos representativos”. Ahora el despojo esta enmascarado en el progreso, en el desarrollo, en las inversiones, en los créditos. Aun persiste la economía de puerto, pero la nueva potencia instala algunas fábricas que solo ensamblan partes terminadas que les suministra la potencia, hechas con materia prima suministrada por Latinoamérica. Ah y las fábricas son creadas con capital que les suministra la potencia a través de agentes de crédito (FMI, Banco Mundial, BID) que extrañamente trabajan con capital proveniente del despojo de Latinoamérica. En esta segunda parte Galeano narra la realidad existente para cuando él escribió el libro hace ya más de cuatro décadas. Entonces aun el desangre continuaba a borbotones.
¡Y hoy aun siguen sangrando a borbotones las venas de América Latina!
Cuatrocientos años después aun siguen sangrando indolentemente las venas de América Latina. Y duele decirlo, pero luego de recuperado el poder por el pueblo, después de 14 años aun siguen abiertas las venas de Venezuela. Todavía dependemos del petróleo como único recurso. Todavía somos una economía de puertos. Todavía somos solo suministradores de materias primas, se llevan el petróleo y el hierro y nos suministran maquinarias y productos derivados. Las venas de nuestro país siguen abiertas por donde fluyen a borbotones la sangre de nuestros recursos naturales para seguir sustentando el capitalismo industrial mundial. ¿Donde esta la creación de una verdadera burguesía nacional que asuma la tarea histórica, junto con el Estado, de crear un capitalismo industrial nacional para la transformación de nuestros recursos naturales en riqueza sólida para la felicidad de nuestro pueblo? ¿Por que aún tenemos que importar papel sanitario? No. No es solo un problema de acaparamiento. No es transitorio. Es que aun la yugular de nuestra Nación está cercenada y nuestra dirigencia no ha hecho nada por suturar la herida. Nos quejamos y vociferamos en contra del diablo, del enemigo, del imperialismo y no deja de ser retórica demagógica y populista por que si existe imperialismo es por que hay colonias y dominados y nosotros nos empeñamos en seguir siendo colonias y dominados. ¿Por que aun seguimos empeñados en el crédito?, ahora con nuevos imperios, ¿Por que seguimos empeñados con la palabra repartir en vez de generar?, ¿distribuir en vez de producir?, ¿existe o no existe aún latifundio? ¿Han sido exitosas nuestras políticas agropecuarias?, ¿Queremos o no ser Potencia?, ¿Por que hablamos de transferencia tecnológica?, ¿Acaso no es pagar para seguir siendo subdesarrollados?, ¿Por qué no desarrollamos nuestra propia tecnología con nuestra propia investigación? ¿Hay de verdad la voluntad férrea, apodíctica de enrumbarnos al cumplimiento, ahora sí, de nuestro destino manifiesto? Creo que la revolución ha sido acomodaticia. Nos hemos apegado a los recursos petroleros, un recurso por el cual no tuvimos que hacer nada como país, para paliar un poco los efectos del desangre de nuestra tierra y mientras tanto insultamos y vociferamos contra el diablo imperialista que sencillamente seguirá siendo tal y como es. Creo que la revolución no ha sido lo suficientemente capaz y convincente de empujar a toda la Nación, a todos los sectores, al cumplimiento de nuestro destino manifiesto, a nuestro objetivo supremo, que es estar dentro de las diez primeras economías del mundo con un sólido poderío económico, político y militar. Mientras eso no suceda, la República se desangra.
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