Maria Emma Belandria Chacón
Los venezolanos hemos acompañado el calvario del Comandante. Operaciones, tratamientos agresivos de quimioterapia y radioterapia, horas de dolor y agonía que no nos han sido ajenas. Hemos orado, llorado, trasnochado, sufrido y acompañado a nuestro HUGO en todos sus momentos, los gloriosos y los dolorosos, desde el aquél 4 de febrero. Un ser humano excepcional que hizo suyo el Sermón de la Montaña y las Bienaventuranzas, cuando Jesucristo llamó a vivir en el Amor y en la entrega absoluta a la causa de los pobres. En paralelo… ¿Cómo ignorar que hay sentencias bíblicas, cómo aquella que reza: “DON DE ESTÁ TU TESORO ESTÁ TU CORAZÓN” que explican la resistencia existencial de una oposición, que no acepta compartir los bienes de la tierra, porque en sus corazones el tesoro es la riqueza material acumulada y humanamente estéril? Por ello, cabe aquí recordar aquella frase de que un….”fascista es un burgués asustado”.
De otra parte, las Naciones Unidas acordaron unas metas del Milenio, cuyo propósito fundamental es la reducción de la pobreza, el analfabetismo, la mortalidad infantil, la equidad de género, la educación y otros propósitos de justicia social. Propósitos que sólo pueden lograrse transformando las estructuras sociales que producen esos sufrimientos a grandes mayorías del pueblo. ¿Cómo lograr la justicia social sin tocar los privilegios de quienes detentan el control económico y político de la sociedad? Ese apego enfermizo a la posesión de las cosas, en detrimento del derecho del prójimo pobre a recibir salud, educación, techo y mejores condiciones de vida está diseñado para impedir, no sólo las metas del milenio, sino también postergar y negar el Amor hacia nuestros hermanos que sufren la pobreza.
En conjunción de ambos espacios ubico la tarea descomunal y los retos que debió enfrentar nuestro Comandante. Afortunadamente él comprendió desde muy temprano que el colectivo, el Sujeto Pueblo, es el protagonista invencible de la revolución. Chávez sólo no habría pasado de ser un aventurero, pero Chávez Pueblo revolucionario es una fuerza telúrica, que ya ha demostrado su capacidad para transformar, construir y asegurar un tiempo histórico de justicia y amor. Así que el calvario de Chávez es el calvario del Pueblo. Todos cargamos en nuestras espaldas su cruz, su martirio. Somos un Cristo colectivo que hoy trasciende a la muerte física y respira la hermandad, la verdad revolucionaria.
Y en el supremo momento del acompañamiento a su reposo final como guerrero de la luz, aparece el SOLDADO DEL IMPERIO quien clava su lanza en el corazón del Pueblo (que está en la Cruz) y en esa herida, restriega una esponja empapada en vinagre para afirmar que Chávez….”quién sabe cuándo murió”. El sadismo de este cónsul del odio solamente causa daño a sí mismo. A nosotros nos mueve al perdón y a pensar en esa otra pobreza de quienes lo único que tienen es dinero.
gemabelcha@hotmail.com
