¿Casualidades o guerra no convencional?

El anterior Papa, Ratzinger, renunció en medio de un ambiente enrarecido por rumores de diversa índole: abusos sexuales de sacerdotes y corrupción en el manejo de los fondos del Vaticano. Lo sucede un Papa de nacionalidad argentina, y tenemos que recordar que Karol Wojtyla, Juan Pablo II, polaco de nacimiento, fue nombrado como punta de lanza del anticomunismo, con miras a «rescatar» las naciones del oeste europeo de las garras del socialismo. Es revelador el artículo de Wikipedia «Juan Pablo II». La jugada les salió redonda, pues dichos países se apegan, como toda Europa, a los postulados del neoliberalismo.

En cuanto a la desaparición física de Chávez, recurrimos a la teoría de la conspiración, misma que recibe la repulsa de quienes en su momento (y todavía hoy) vociferaban hasta el cansancio que el régimen quería apoderarse de todos los niños y eliminar la patria potestad de sus progenitores. Quienes impedían que en sus casas entraran los bombillos ahorradores que repartía el gobierno, porque tenían cámaras para grabarlos. Para ellos la CIA no existe, o es un simple organismo policiaco que no espía, tortura, mata o derriba gobiernos antiestadounidenses. Para ellos los EEUU son los paladines de la libertad y la democracia mundial y vuelan en alas de Superman o el Capitán América. Lo demás es pura fantasía. Fantaseemos, entonces.

Una de ellas es que nuestros próceres no han tenido muertes naturales, sino que han sido víctimas de distintos «accidentes». José Antonio Anzoátegui murió posiblemente envenenado pocas semanas despues de triunfar en la Batalla de Boyacá, que le dio la libertad a la actual Colombia. Antonio José de Sucre fue asesinado en una emboscada propiciada por la oligarquíe bogotana; poco antes un periódico de esa capital exhortaba: «Es posible que el bravo general Ocando haga con Sucre lo que no hicimos con Bolívar». Y Simón Bolívar, según un comité especializado no murió de tuberculosis, sino víctima de algún agente tóxico.

Por otra parte, la dolorosa muerte de Chávez ha suscitado no pocas de las mencionadas «fantasías». Es sabido que algunos prominentes mandatarios antiimperialistas han sufrido de cáncer: Lugo, Lula, Dilma, Cristina (quien afirmó luego que había sido falso positivo), Chávez… Lo del presidente venezolano fue asombroso: fue sometido a dos operaciones aparentemente exitosas, tras las cuales no se encontraban células cancerígenas, pero estas resurgían cada vez con mayor malignidad hasta acabar con el gran líder.

Otra aspecto interesante: el recién electo presidente Santos hizo a Chávez una oferta que no podía rechazar, dado su acendrado sentimiento bolivarianista; la reunión de los dos presidentes en Santa Marta con miras a reestablecer las relaciones colombo-venezolanas se dio el 10 de agosto del 2010. Exactamente diez meses más tarde el comandante fue operado de emergencia del tumor pélvico que lo afectaba y que lo llevó a la muerte. En octubre del 2012, Santos fue operado de un tumor en la próstata (zona pélvi
ca).

¿Es aventurado decir que estos eventos tienen relación? Juzguen los lectores. Con relación al nombramiento del Papa, es evidente que los países más poderosos del orbe tienen influencia en El Vaticano. No fue el Espíritu Santo quien eligió a Wojtyla como factor anticomunista, a menos que pensemos que a este poderoso y etéreo personaje (en el cual creo) le interesan los movimientos de las bolsas de valores. Tampoco, estoy seguro, lo hizo con el nuevo Papa. Lo que si es cierto es que se le va a dar la misma misión.

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Apolo Martín