José Manuel Rodriguez

 

La nueva confrontación electoral obligará a la derecha a postergar el sueño indecente de montar a la revolución imaginándola, ahora, desvalida. Lo retomaran luego del triunfo de Maduro. No está de más, entonces, alertar sobre sus libidinosas intenciones que, seguro, se repetirán.

La derecha, que es experta en armar escenarios, no bien supo el fallecimiento del Comandante, comenzó a construir el nuevo discurso político para aprovechar, lo que suponen, la situación de orfandad.

Hablaron de que era el momento de corregir la fractura para que el país camine con sus dos pies. Que era el tiempo de aceptar a la otra parte. Que era la oportunidad de reconocernos unos a otros. Que llegó el momento del respeto mutuo y la tolerancia. En fin, que, ahora que Chávez no está, nos tomemos de las manos.

Tales propósitos amatorios fueron acompañados por un eslogan, concebido hábilmente por Globovisión, el miembro viril de la derecha: “reconocer se lee igual desde sus lados opuestos”.

Esta “buena idea” de gente retorcida, era la cortina para ocultar el espacio de la seducción. En ese escenario meloso, aprovechando la sobadera del sentimiento, aunque dispuestos, si hay resistencia, a dar carajazos, meterían mano bajo la falda de la revolución.

Como en los inicios del 99, repitieron sus frases conciliadoras: “el nuevo gobierno tiene que ser de unidad nacional…” “Debemos ponernos de acuerdo en como utilizar el petróleo para generar más riqueza…” Y se atrevieron a marcar la diferencia con lo anterior: “Afortunadamente él es sindicalista y sabe negociar, a diferencia de los militares, que sólo derrotados lo hacen…”

Sin embargo, el muchacho Capriles, que no estaba enterado de estos cachondeos (no es en eso un adelantado), se fue de palos. Más solo que la una, con mirada desnivelada y la demencia perturbando cualquier ilación discursiva, se vomitó sobre la alfombra. Y les echo a perder el coqueteo.

 

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