Beatriz Ramos
Así es: el espectacular y contundente triunfo propinado a la derecha venezolana, repercutió como mazazo en las derechas de Latinoamérica y El Caribe, inhibiendo a la canalla política y mediática de lanzar nuevas amenazas a las democracias de la región. Cristina Fernández, la primera en llamar al Comandante luego de conocerse oficialmente los números de la victoria, respiró aliviada, pues estaba atravesando un momento de desestabilización desde las fuerzas de seguridad de Gendarmería y Prefectura.
Nicaragua, Cuba, Ecuador, Bolivia recibieron un caudal de oxígeno de tal magnitud que difícilmente puedan ser tumbados por fuerzas hostiles imperiales. El efecto Chávez consolida y profundiza las condiciones de transformación que deben empujar los pueblos desde abajo.
De todas formas y como siempre lo ha hecho desde sus orígenes, el imperio ya esta rearmando su estrategia para golpear en la primera oportunidad que se presente (como en Paraguay) a algún descuidado gobierno “pro-chavista”.
El triunfo de Chávez es el triunfo de los pobres de este continente que esperan más que nunca la aparición de nuevos Chávez para revolucionar una región muy desigual plagada de neoliberalismo por doquier.
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