
En una rueda de prensa, junto con su par norteamericano, Santos admitió que desde hace dos décadas, cuando era ministro de Comercio, soñaba con la suscripción del pacto neoliberal.
Las negociaciones sobre la ejecución de una zona de excepciones arancelarias duraron casi cinco años: en 2003, el entonces presidente colombiano Álvaro Uribe solicita a la administración de George W. Bush el tratado; al año siguiente, en Cartagena, se inician las negociaciones que finalizaron en 2006.
Sin embargo, en 2008, el Congreso de EE.UU congela las discusiones del TLC y no es sino hasta el 8 de septiembre de 2011 cuando, en medio de un discurso sobre el plan de reactivación de la economía y promoción del empleo, el presidente Barack Obama anunció que una vez más el texto iría al Congreso; un mes después, fue aprobado.
La diferencia de costos en la producción y exportación de las mercancías entre Estados Unidos y Colombia es el principal riesgo para el sector avícola neogranadino, explicó, a finales del año pasado, el presidente de la Federación Nacional de Avicultores de Colombia (Fenavi), Jorge Enrique Bedoya.
«Una tonelada de cuarto extranjero norteamericana traída a un puerto colombiano vale US$ 1.100. En cambio una tonelada de producto nacional, por simple costo de producción, puede estar en el orden de los US$ 2.200. Contra eso es poco probable competir».
Para el sector agrícola el TLC tampoco resulta provechoso: «Están mal las carreteras primarias, secundarias y terciarias, los puertos y aeropuertos. No hay navegabilidad de ríos. No se ha hecho nada en cadenas de frío, ni en distritos de riego», detalló el presidente de la Sociedad de Agricultores Colombianos, Rafael Mejía.
Agregó el dirigente del sector agrícola, quien agregó que la cantidad de productos que Colombia puede exportar a Estados Unidos no sólo está muy por debajo de la que recibirá por concepto de importación de este país, sino que está sujeta a restricciones.
