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El pueblo argentino ha luchado a lo largo de la historia por la independencia de su patria. Desde 1810 quedó claro que las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur, pertenecen a la República Argentina. Sin embargo el imperio británico usurpa el territorio malvinense hace 180 años. La actitud colonialista y militarista del Reino Unido ha sido cuestionada en diferentes foros internacionales como la Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL).

Argentina ha sido escenario de cruentas batallas y víctima del terrorismo de Estado. La dictadura fascista que asesinó, desapareció e intimidó desde 1976 hasta 1984 a varios dirigentes, militantes y simpatizantes de organizaciones políticas y sociales de izquierda que promovían la democracia popular, la revolución social y el respeto a los derechos humanos, se embarcó en una aventura en 1982 al enviar a la guerra jóvenes que no estaban totalmente preparados ni tenían el armamento adecuado para enfrentar a Inglaterra en la defensa y recuperación de las Islas Malvinas.

Al cumplirse el pasado lunes 2 de abril, el 30 aniversario de la guerra en las Islas Malvinas, integrantes de organizaciones progresistas y revolucionarias, como el movimiento Quebracho se manifestaron en los alrededores de la embajada británica, ubicada en el barrio La Recoleta de Buenos Aires. En medio de las protestas y reflexiones, que se multiplicaron durante los 20 días recientes,  los participantes entregaron un comunicado a los medios argentinos y extranjeros donde ratificaron que “las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur forman parte indisoluble de nuestro territorio y que el camino que debemos seguir como pueblo es el de la unidad latinoamericana con posiciones firmes”.

Cristina Fernández de Kirchner, compañera presidenta de Argentina, estuvo en el acto central del 30 Aniversario de la Guerra en las Malvinas y envió un mensaje donde recordó que cientos de jóvenes dieron su vida por la patria. “Es injusto que subsistan enclaves coloniales como el que tenemos aquí. Justicia para que no sigan depredando nuestro medio ambiente, nuestros recursos ictícolas y petroleros, para que se respete la integridad territorial y para los que aún no han podido ser identificados”. El actual gobierno y diferentes movimientos culturales argentinos coinciden en la necesidad de activar la lucha diplomática en torno al conflicto malvinense.

Leopoldo Fortunato Galtieri, general y presidente usurpador de Argentina en 1982, ordenó torturas físicas y psicológicas contra sus propios soldados. Trescientos 50 ex combatientes de la guerra en las Malvinas optaron después por el suicidio. Estudiantes y estudiosos en Argentina y en naciones hermanas de nuestra América vuelven a leer en este 2002 el Informe Rattenbach que contiene parte sustancial del drama de las Malvinas. Benjamín Rattenbach, es un militar que presidió la comisión para determinar responsabilidades políticas y estratégicas militares en la guerra iniciada el 2 de abril de 1982. Una primera versión del informe fue editada en Buenos Aires en el año 1988.

Los parlamentarios británicos que en 1982 fueron sorprendidos al enterarse de los acontecimientos ocurridos en el territorio que ellos denominan Islas Falkland, desde la madrugada del viernes 2 de abril, no pudieron tomarse su habitual descanso de fin de semana. El sábado 3 de abril participaron en tres sesiones extraordinarias. Analistas y políticos londinenses consideraron entonces que “el león británico había sido herido y el Reino Unido se preparaba para la guerra”.

Organizaciones solidarias y personalidades progresistas en nuestra América se pronunciaron a favor del pueblo argentino y sus derechos, cuestionaron una vez más a la dictadura y al usurpador Leopoldo Galtieri, reafirmaron siempre que las Islas Malvinas son argentinas y precisaron que era urgente y necesario evitar una guerra y privilegiar las batallas diplomáticas en la recuperación del enclave colonia que ofendía y ofende a los hombres y mujeres libres del continente. Dos gobiernos represores y alineados a los imperios británico y estadounidense: el de Augusto Pinochet Ugarte (1973-1990) en Chile y el de Julio César Turbay Ayala (1978-1982) en Colombia ofrecieron su apoyo a Margaret Thatcher y a los militares de la Gran Bretaña.

Desde la Ciudad de México el escritor colombiano Gabriel García Márquez publicó una importante reflexión que dio la vuelta a países africanos, americanos, asiáticos y europeos. En su ensayo titulado: Con las Malvinas o sin ellas, el también autor de Cien años de soledad, hizo un homenaje a las Madres de Plaza de Mayo y destacó su lucha por la recuperación de sus hijos desaparecidos. “El movimiento empezó sin un plan definido hace ahora cinco años exactos: el 30 de abril de 1977. Al principio, la dictadura no sabía como proceder, pero a medida que los clamores aumentaban y se fortalecían, fue aumentando también el torniquete de la represión. Las madres eran dispersadas a punta de bayoneta, las encerraban en calabozos inmundos, llenos de orines, de ratas, de cucarachas, pero el jueves siguiente había en la plaza un número cada vez mayor”, documentaba para la historia el colombiano amigo de Argentina.

Rigoberto Menchú Tum, dirigente indígena guatemalteca y Premio Nóbel de la Paz en 1992, acompañó recientemente con su firma a otro premiado con el mismo galardón (1981) y promotor de los derechos humanos, el argentino Adolfo Pérez Esquivel en la elaboración y difusión de un documento dirigido a David Cameron, primer ministro británico, el pasado 27 de marzo, donde le piden la reanudación de diálogos y negociaciones con Argentina para encontrar una solución pacífica a la controversia de soberanía por las islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur.

fernandoacosta_44171@yahoo.com