Marcelo O. Espina (*)

 

La embestida de los medios de comunicación (Clarín y La Nación y TN como mascarones de proa) contra el vicepresidente de Argentina, Amado Boudou, busca desestabilizar al gobierno de la presidenta Cristina Fernández. La causa es la próxima expropiación de REPSOL_YPF.

El método aplicado es el de la guerra de cuarta generación o destrucción total del enemigo.


¿Qué es la Guerra de Cuarta de Generación?


Esta teoría fue elaborada por William S. Lind y cuatro oficiales del Ejército y del Cuerpo de Infantería de Marina (Army and the US Marine Corps — USMC) de los Estados Unidos. La guerra de cuarta generación es principalmente una teoría a nivel táctico, la cual a veces abarca los niveles operacionales, y está situada en la era moderna, desde el Tratado de Westfalia en 1648 hasta la actualidad. Fue publicada simultáneamente en la edición de octubre de 1989 del Marine Corps Gazette y del Military Review.

La teoría está basada en una dialéctica cualitativa derivada del conflicto entre tesis y antítesis. Dentro de este contexto, las revoluciones militares están consideradas como innovaciones tácticas, posiblemente operacionales, que producen una ventaja decisiva a todo el que se adapte a ellas primero.

Desde 1989, el ejército norteamericano baraja una nueva concepción de la guerra denominada de cuarta generación, más conocida como Fourth Generation Warfare (4GW), que es la que corresponde a la revolución de la información, aunque todavía no ha sido oficialmente asumida.

Vanessa Marsh, de la Revista Tendencia 21 explica la Guerra de Cuarta Generación apuntando que “La evolución tecnológica, la aparición de enemigos que no responden a definiciones clásicas y la ofensiva terrorista, han llevado a los estrategas militares a concebir un nuevo modelo de guerra que se apoya, por primera vez, más en los elementos culturales que en el potencial bélico. Se llama guerra de cuarta generación y lo que pretende es la victoria a través de la movilización cultural contra un enemigo imperceptible y volátil como es el terrorismo o el enemigo circunstancial (un gobierno)”.

La guerra de cuarta generación oscila del aspecto armamentista al psicológico. Lo que pretende es una movilización masiva de la población en un antagonismo integral contra el supuesto enemigo (esto sucedió con las movilizaciones “del Campo” en 2008, cosa que Néstor vió tarde), que abarca los aspectos políticos, económicos, sociales y culturales de una nación con el objetivo de alcanzar el sistema mental y organizativo del adversario ( los medios convencieron a los habitantes urbanos que “El Campo” tenía la razón con el tema de las retenciones a las exportaciones)

La guerra de cuarta generación es totalmente asimétrica, ya que opone a dos agentes que apenas tienen nada en común: por un lado potencias tecnológicamente muy desarrolladas (sectores del gobierno de EE UU, empresas agro-industriales-bolsa de comercio-bancos-sectores sindicales y las empresas de comunicación), con capacidad para emplear tecnologías inteligentes muy sofisticadas, y por otro, gobiernos nacionales con poca experiencia en guerras de cuarta generación o destrucción psicológica del enemigo), que se enfrentan sin que la población lo perciba (y hasta los propios funcionarios del gobierno que por individualismo, falta de conciencia o por ser infiltrados) no ayudan a contrarrestar el ataque.

Ya estamos observando nuevamente algunos indicios; el primero, la inseguridad; el imperio estadounidense (perpetrador del golpe de Estado de 1976 junto a los civiles y militares) gasta una suma considerable de dólares, en pagarle a sicarios-ladrones-asesinos, para que maten a personas indefensas, su modus operandi es desplazarse dos individuos en una moto (motochorros), el de atrás roba y/o dispara y el otro conduce (método colombiano); en otras ocasiones se seleccionan personas públicas o no; aquí lo importante es que los medios de comunicación privados -vía Clarín, Nación, TN y 300 repetidoras-  se hacen de estas noticias y las difundan repetidamente a todo el mundo (guerra de IV Gen). En segundo lugar, secuestrar, asesinar o robar a personas públicas (caso Etchecopar, futbolistas, actrices , policías o hasta jueces)para hacer más contundente el factor inseguridad, diciendo, que ni los famosos o personal judicial se salvan de la avalancha de inseguridad; y, de otra parte, tratar echar la culpa  a nuestro Gobierno. Todo ello, para poder decir que aquí ya no se puede vivir. En tercer lugar: cortes de ruta, piquetes, huelgas, sobre todo de aquellos servicios que controlen las empresas de EE UU (ya hubieron en el pasado sabotajes en las empresas de energía como EDELAP o EDESUR controladas por EE UU); de transporte privado (camioneros, colectivos, subte); y en cuarto lugar. la inflación y hasta la escasez de alimentos y productos como la yerba mate (infusión energética consumida por la gran mayoría de los argentinos). Todo ello como para lograr la desestabilización del país.

Entonces:


La Guerra de IV Gen debe jugar un papel primordial en esta fase, creando matrices de opinión y divulgándolas a todo el Mundo a través de los medios de comunicación derechista como si se tratara de hechos ciertos.
Dado que la brecha entre la Presidenta Cristina y el resto de los políticos  de la oposición fue contundente en las elecciones de 2011, no les queda otra que desestabilizar nuevamente como en 2008.

LA INFILTRACIÓN de mercenarios paramilitares traídos de colombia y EE UU para formar a los sicarios locales (recordar asesinato de colombianos a plena luz del día o la valija con material y armamento secreto descubierta en Ezeiza, protegido por la embajada de EE UU en Argentina, o la detención de un estadounidense con «armas de caza») y la reciente denuncia de la instalación de un «centro de ayuda humanitaria» en Chaco (junto a la pista de aterrizaje y con tecnología informática y satelital). Estamos obligados a evaluar,  esta infiltración/ injerencia de mercenarios.

Una vez que la Guerra de IV Gen ha logrado su efecto internacional sobre la imagen del gobierno, entonces, todo lo demás es posible.

(*) Historiador