Autor: Boris Caballero Escorcia*
La Revolución Haitiana no sólo fue peligrosa para los intereses dominantes hispanos al ser ejemplo de un movimiento de independencia en contra de una metrópoli como Francia, además, y esto fue el principal generador de temores, había sido un levantamiento de mulatos libres y esclavizados exitoso que llevó a la liberación absoluta de los esclavizados y a su ascenso como clase dirigente en un marco antimonárquico y republicano. Haití era un ejemplo de revolución radical que ponía a temblar a un sistema como el español, que sostenía su hegemonía en América con la justificación de la exclusión socio-racial basada en la asignación de un origen innoble a quienes descendían en algún grado de sociedades no europeas para garantizar la preeminencia de la clase dominante cuyos miembros eran considerados blancos nacidos en la península o estimados como descendientes puros de los europeos-conquistadores, sin mezcla con no europeos. Al igual que los mulatos o affranchis haitianos, los pardos y “libres de todos los colores” luchaban en el mundo hispano por mayores espacios de igualación y reconocimiento político y social desde su condición de artesanos, milicianos, trabajadores agrícolas; buscaron la afirmación de sus derechos en la consideración de que como hombres jurídicamente libres, algunos con medios económicos y prosperidad material producto de su trabajo y del comercio, merecían parecido tratamiento que los blancos: recurrían a los matrimonios, al ascenso económico, a la compra de Gracias al Sacar, e infinidad de estrategias que continuamente ponían en cuestión al sistema colonial de división socio-racial y estamental para alcanzar de alguna manera el lugar de privilegios de la clase blanca dominante. Los negros esclavizados, por su parte, aspiraban a su libertad, por la cual luchaban con estrategias como el cimarronaje, la manumisión o la resistencia cotidiana al trabajo forzado. La Revolución Haitiana se constituía en este contexto de exclusión soci-racial en un estímulo para la lucha por la igualdad y la libertad en pardos, “libres de todos los colores” y esclavizados en una realidad como la del Caribe hispano; era la demostración de que el orden social impuesto por la colonia se podía trastocar, no era inmutable.
La elite criolla y española reaccionó inmediatamente a lo que acontecía en Haití. En 1794 una expedición de mil hombres al mando del Comodoro Gabriel de Aristizabal integrada por militares de todos los cuerpos armados de la Capitanía General de Venezuela partió hacia Haití a reprimir la revolución de mulatos y negros, y en apoyo de los colonos franceses dueños de plantaciones; en esta expedición milicianos y soldados pardos debieron estar presentes, considerando que la mayoría de la fuerza militar de la Capitanía estaba conformada por ellos. Inmediatamente después de los primeros levantamientos masivos de esclavos en 1791, la Corona española emitió sendas comunicaciones a las autoridades en Cuba, Venezuela y la Nueva Granada para evitar a toda costa el contagio de la insurrección. No obstante estas prohibiciones, algunas prácticas ya instituidas en el marco de la ilegalidad generaban las condiciones para que las restricciones en esta materia surtieran un efecto mucho menor al esperado por la Corona; el contrabando en toda la costa desde el Golfo de Urabá hasta la desembocadura del Orinoco era endémico superando en muchas ocasiones al comercio legal tanto en cantidad como en ganancias. Con las mercancías también llegaban las ideas, y estas se manifestaban no sólo en forma de libros o “papeles sediciosos”, sino también por el rumor, la transmisión de boca en boca, y por el ejemplo.
La experiencia y el ejemplo que suministraban las revoluciones negras del caribe francés constituían junto con los papeles, documentos y los rumores la base para el desarrollo de ideas que hacían eco a las aspiraciones y necesidades de los sectores populares de Cartagena y de toda la línea costera que incluía a Venezuela. En espacios como el mercado, las pulperías, barberías o tertulias de sala se transmitían las nuevas ideas, y muy seguramente las historias de un Haití libre donde imperaba la igualdad iluminaban las fantasías de pardos y negros. La igualdad y la libertad se constituirían en fuerza material en la medida que explicaban y suministraban salidas a una situación sentida de desigualdad y opresión. Los llamados corsarios haitianos llegaban a las costas del caribe neogranadino y venezolano y con ellos venían las noticias de los acontecimientos ocurridos en la isla, las leyes de igualdad de 1792, la abolición definitiva de la esclavitud en 1794, lograban hacerse evidencia cuando un Coronel negro bajaba de su embarcación con los galones correspondientes a su rango, en un puerto del Caribe, o hasta en la misma Cartagena colonial, donde no le estaba permitido a un pardo, y menos a un negro, ascender más allá del grado de Capitán en la milicia. Levantamientos o intentonas insurreccionales inspirados en la Revolución en Haití se puede afirmar que hubo muy pocos y ocurrieron de manera aislada. En Venezuela en la Serranía de Coro un grupo de esclavizados comandados por el zambo libre José Leonardo Chirinos, aliados con algunas comunidades indígenas de la región, se levantó en mayo de 1795 proclamando la “ley de los franceses” y cometiendo algunos asesinatos de hacendados blancos; duramente reprimido, el levantamiento rápidamente fue sofocado. En julio de 1797 fue descubierta y reprimida una conspiración que involucraba milicianos pardos de la Guaira y Caracas comandada por los criollos Manuel Gual y José María España y españoles como Juan Bautista Picornell, que planteaba en su programa la igualdad para pardos, negros e indígenas, y la liberación de los esclavizados, decretaba la abolición de la esclavitud. En Cartagena durante la Semana Santa, el 2 de abril de 1799, un grupo de esclavizados del Caribe francés empleados en actividades navales fue acusado de estar aliado con esclavizados cartageneros para un levantamiento general contra los blancos a ejemplo de lo ocurrido en Haití, los planes incluían masacre de blancos e incendio de la ciudad. Los esclavizados insurgentes pretendían aliarse con los milicianos pardos y llevar de esta manera adelante una insurrección que se proponía fundar un nuevo gobierno. El 19 de mayo de 1799, en el puerto de Maracaibo, Tomás Ochoa, del cuerpo de veteranos blancos de la ciudad, denunció ante el gobernador de la provincia que dos capitanes mulatos franceses de embarcaciones apostadas en el puerto y un pardo de las milicias de Maracaibo planificaban una insurrección para «introducir (…) el mismo sistema de libertad e igualdad que ha reducido a la ruina total (…) los puertos franceses de las islas y la isla de Santo Domingo», asesinando a los líderes y autoridades blancas e incendiando la ciudad.
Estas intentonas insurreccionares fueron eventos aislados en el Caribe hispano que lograron ser frustrados la mayoría antes de lograr siquiera llevarse a cabo, y en cuya represión, y en ocasiones exageración de la amenaza que significaban, operó el ambiente de temor que imperaba entre la elite blanca criolla y española dominante: el miedo a un levantamiento de pardos y esclavizados en contra del dominio colonial y por la conformación de una república de negros como sucedía en Haití. No obstante, en comunidades costeras, en puertos, los marinos, soldados, esclavizados de las antillas, eran fuente de información sobre una República donde imperaba la igualdad para pardos y negros, donde se había abolido la esclavitud y los blancos ya no eran ni los amos ni quienes mandaban. En febrero se 1801, desde la apartada Serranía de Coro en la Capitanía de Venezuela, el Justicia Mayor Andrés Boggiero en carta dirigida a la gobernación describía cómo la Revolución de Haití era percibida de manera favorable y festiva por los habitantes pardos y negros libres y esclavizados: «…corre entre los libres y esclavos de la Serranía muy válida la noticia de la toma de la Isla Española de Santo Domingo por el Negro Tusén y que manifiestan gran regocijo y alegría con ella, usando del estribillo de ¡andá, fiáte de tisón! respondiendo él a quien se lo dicen: eso es para que lo vean…”. Era una clara referencia al líder de la Revolución Haitiana Toussaint Louverture, quien en enero de 1801 al frente de 20.000 hombres ocupó la ciudad de Santo Domingo y con ello dominó el lado español de la isla. En mayo de 1803 en Cartagena las autoridades coloniales discutían sobre qué hacer con unos mulatos franceses que residían en la ciudad pues tenían izada la bandera de la Revolución Francesa en su casa ubicada en el arrabal de Getsemaní habitado por pardos y negros. Corsarios y militares haitianos circundaban los mares y eran un vivo ejemplo de lo que acontecía en el Caribe francés, ellos eran portadores de las ideas de igualdad y libertad que realizaba la República negra independiente. El común de los habitantes de las ciudades puerto caribeñas estaba enterado de lo que acontecía en Haití, o tenían alguna idea del significado de lo que en aquel lugar del Caribe acontecía.
Con la Revolución de Independencia, los pardos y negros vieron un espacio propicio para el desarrollo de su lucha por mayores espacios de igualdad y libertad. En Cartagena líderes pardos como Pedro Romero, artesano que alcanzó el grado de Coronel de las milicias de Getsemaní creadas en pleno inicio del proceso independentista, en Caracas Pedro Arévalo pardo “más oscuro que claro”, quien también llegaría a Coronel y su lucha contra el dominio español encontraría refugio en Cartagena, eran la demostración de que en el nuevo sistema de cosas que se fundaba se reconocía la igualdad; tanto la constitución de las Provincias Unidas de Venezuela de diciembre de 1811, como la constitución del Estado de Cartagena de Indias de junio de 1812, reconocía la igualdad para los pardos y ambas no abolían definitivamente la esclavitud pero sí prohibían la trata de esclavizados. En 1812, ante las necesidades defensivas de Cartagena, presa del bloqueo impuesto por España y acosada por la guerra con su vecina y realista Santa Marta, la dirección patriota utilizó a corsarios de las antillas para defender su puerto y llevar adelante la guerra naval, los franceses y haitianos jugaron un papel fundamental en la defensa de la independencia cartagenera, incluso existía un destacamento de cincuenta haitianos que hacía parte de la fuerza que defendía a la ciudad. En 1812 llegan los venezolanos que huyen después de la caída de su primera experiencia independentista, con ellos debían llegar algunos pardos y negros que habían participado activamente en la conformación de esta primera experiencia independentista, es el caso documentado de Pedro Arévalo. Muy seguramente las conquistas en materia de igualdad adelantadas en Caracas servirían para comparar con los avances cartageneros. En 1814, los venezolanos regresaran a Cartagena nuevamente derrotados, esta vez por un levantamiento popular desde los Llanos dirigido por José Thomas Boves y otros españoles realistas, que alcanzó algunos visos de guerra racial y reaccionaba en contra de la Independencia y la República y a favor del gobierno de España. La influencia de Haití y la cuestión racial en la independencia de Cartagena resultaron fundamentales entre 1810 y 1816 en la movilización de los sectores populares a favor de la independencia y por una vía republicana, que por lo menos garantizara la igualdad ante la ley y que jurídicamente no estableciera exclusiones por origen o condición socio-racial, una sociedad liberal donde la propiedad era el garante del ejercicio de la ciudadanía, en la letra por lo menos, una imagen jurídica de sociedad burguesa.
Historiador-Investigador
boricaba@gmail.com
Independencia de Cartagena[*]
