
“Durante los próximos 10 años, muchos países importantes para Estados Unidos experimentarán problemas de agua — escasez, pobre calidad del agua o inundaciones — que correrán el riesgo de inestabilidad y fracaso del Estado, aumentarán las tensiones regionales, y los distraerá de trabajar con EE. UU. en objetivos políticos estadounidenses importantes”, indica el informe que continúa explicando que tales problemas afectarán a la economía global, y por lo tanto no se puede permitir que prevalezca.
El agua como influencia, el agua como un arma, y el “terrorismo del agua”
El informe específicamente advierte que el agua será utilizada como palanca por algunos países para influir sobre sus vecinos, y hasta como una potencial arma. También advierte del “terrorismo del agua”, una situación donde “extremistas, terroristas y estados villanos que amenazan con daño sustancial” son una amenaza significativa para la infraestructura del agua, particularmente en los años que siguen a los próximos diez años.
Ningún informe del gobierno estaría completo sin hacer referencia al terrorismo, después de todo. Y en este caso, el término ambiguo “extremistas” es colocado también, lo cual es preocupante cuando se consideran los últimos folletos de advertencia del FBI de que las personas que pagan su café con dinero en efectivo, por ejemplo, son potenciales “terroristas”.
Mientras que los problemas de abastecimiento de agua son muy reales, el panorama que pinta el gobierno al respecto no es tan real. Y la vinculación con el terrorismo y los “extremistas” sienta las bases para el control del gobierno de EE.UU. de los recursos vitales, que en este caso representa el apoyo a la vida del mundo: el agua.
La supuesta amenaza terrorista, no importa cuán insignificante o fabricado de plano sea, ha permitido al gobierno de Estados Unidos salirse con la suya, literalmente, en el pasado. Por lo tanto, utilizándola ahora para esencialmente ejercer influencia y control sobre los suministros de agua del mundo – asegúrese de anotar la ironía de esto – no es de extrañar.
Traducción por Ivana Cardinale para Patria Grande
