Autor: Manuel Castillo

 

A todos los kirchneristas se nos hizo un nudo en la garganta cuando nos enteramos del papiloma en la tiroides de nuestra presidenta. Por suerte, y gracias a Dios, los médicos se equivocaron y Cristina no estaba finalmente afectada por este mal que se diseminó a varios presidentes en funciones o no, de Latinoamérica (en una extraña coincidencia).

 

Esa sensación no se debía solamente a la afección de una enfermedad a un ser humano único como Cristina; también nos vino a la memoria y al sentimiento la irremplazable ausencia de Néstor y su liderazgo indiscutible en el proyecto nacional y popular iniciado en 2003.

 

Esta emergencia en la salud de cristina me hizo reflexionar sobre la distancia existente en términos políticos (e intelectuales) entre cristina y el resto del equipo ministerial, diputados, senadores y funcionarios de nuestro gobierno.

Es cada vez más frecuente escuchar a nuestra compañera presidenta (tal como lo hace frecuentemente nuestro querido Chávez) corregir y regañar a ministros y secretarios por los errores cometidos tanto en materia conceptual como de la gestión propiamente dicha. La última que recuerdo como llamativa fue la utilización por parte del nuevo ministro de economía de la palabra “gasto social”.

 

Cristina tuvo que corregir en el recinto de la Cámara de diputados al flamante ministro, Hernán Lorenzino, (al que aún no se le conoce la voz) y recordarle que en lo social no hay gasto, sino que hay “inversión”, es decir mando a corregir el informe que ella misma estaba leyendo al país en cadena nacional de radio y televisión dando el informe anual del desempeño del gobierno.

 

Honestamente creo que solo una falta de conciencia social del nuevo ministro pudo haber utilizado cual “Chicago Boy” la palabra gasto para referirse a los planes, programas y leyes de carácter social llevados adelante por nuestro gobierno en estos más de 8 años de gobierno.

 

Serán estos compañeros funcionarios que le recomiendan hablar a la presidenta de crecimiento sin discriminar quienes son las empresas que, aunque radicadas en el territorio argentino, son de capitales extranjeros (EE UU, Gran Bretaña, Alemania, España, Italia, Brasil, etc).

 

¿Está bien contabilizar como parte del PBI los bienes y servicios producidos por empresas transnacionales sin discriminarlos de lo realmente producido y reinvertido en nuestra economía?

 

¿Por qué el ministro de economía puso “gasto social” en su informe a la presidenta? No lo sabemos, aunque lo imaginamos. Pero este es solo un ejemplo de la distancia de conciencia y conocimientos existentes entre Cristina y los demás.

 

Este hecho nos hace reflexionar sobre el camino que aún queda por recorrer en la superestructura del gobierno y la debilidad que representa volcar todo el crédito y el prestigio de neustro gobierno en el hiperliderazgo de Cristina, quien además de presidenta debe hacer de Ministra (de economía, educación, seguridad, canciller), Secretaria (de Transporte, de Comercio), Gobernadora (de Buenos Aires) y de intendenta muchas localidades del país.

 

Ganada ya las elecciones con el 54% y pulverizada la oposición, no le demos flancos débiles al enemigo para que explote nuestras debilidades estructurales basadas en falta de conciencia y de compromiso con el proyecto de Cristina y Néstor.