| Traducción para Rebelión de Loles Oliván |
La “nueva Libia” está encallada en la controversia sobre todo por el empeoramiento de la corrupción y la malversación del dinero público, por el control por parte de las milicias de la seguridad y del mapa político del país, por la agravada rivalidad entre las regiones, por la debilidad del Consejo Nacional de Transición y, por lo tanto, por su incapacidad para controlar la mayor parte del país.
La última polémica se cifra en cómo Al-Hayy Bashir Salih, director de la oficina del coronel Muamar Gadafi, huyó a París llevándose consigo grandes cantidades de dinero en efectivo y secretos.
Salih, que era el confidente del coronel Gadafi y que solía ser quien custodiaba sus secretos personales y políticos, había sido detenido por las brigadas Al-Zantan pero el presidente francés, Nicolas Sarkozy, intervino para liberarlo y envió un avión privado a Túnez que lo condujo a París con honores y, no menos importante, porque es él quien supervisa las enormes inversiones y activos financieros que algunos cifran en más de 10 mil millones de dólares invertidos en África y en mercados financieros (acciones y depósitos financieros) de muchos países europeos, en particular, en bancos suizos.
Lo que es más grave es que Salih quiere volver a la vida política a través de las brigadas Al-Zantan. Se las arregló para consolidar las relaciones de sus comandantes con Francia y con su presidente y les ayudó a crear un partido político que se presentará a unas futuras elecciones.
Él, que cuenta con dos elementos esenciales de la nueva Libia —es decir, dinero y armas— puede hacer lo que quiera; el dinero fue lo que llevó a Salih a París sin pasar ningún tipo de control, y las armas son las que están actualmente gobernando en la mayoría de las ciudades libias y las que decidirán el destino del país.
El pueblo libio, que sufrió durante mucho tiempo bajo un régimen de dictadura corrupta, vive ahora víctima de demasiadas mentiras y del engaño de los medios de comunicación que tratan de ocultar los crímenes que se cometen contra él y eliminar sus esperanzas de estabilidad y de un futuro pleno.
Los fondos del pueblo libio se están robando a plena luz del día y su seguridad y estabilidad se evaporan en el aire: la debilidad de su Consejo Nacional aumenta día a día y no existe un liderazgo alternativo que sea capaz de dirigir el barco a la seguridad.
Los “amigos de Libia” se han evaporado una vez que se han asegurado de que se mantiene el flujo de petróleo y que sus ingresos van a parar a sus bolsillos, ya sea directa o indirectamente, después de que algunos dieran rienda suelta a su odio y se vengaran contra el régimen anterior y contra su dirigente.
El pueblo libio es la víctima —la víctima de los amigos, al igual que es la víctima de los que secuestraron su revolución y comerciaron con su presente y con su futuro. Por eso creemos que Libia necesita una segunda revolución —una verdadera revolución que corrija las cosas de manera que sirva a los intereses del pueblo libio sin injerencias extranjeras.
