Dicen que el mejor discurso de graduación de la historia lo hizo Salvador Dalí en la Universidad de Barcelona, cuando dijo: «Seré breve. Terminé», como yo no soy Dalí, no seré “tan” breve…
Dicho esto, creo necesario resaltar dentro de la historia de nuestra institución, que el modelo de Instituto Tecnológico Regional concebido desde el enfoque de los tecnológicos franceses de los años setenta, perfiló en nuestro país, con la creación del IUTRC en el año 1971, una de las instituciones de educación técnica especializada que ha obtenido mayor valoración social, por la alta calificación científico-tecnológica en sus distintas áreas de conocimiento.
La intención de generar este tipo de formación especializada para el mercado laboral, especialmente en el contexto de la industrialización por sustitución de importaciones, contemplada en el IV Plan de la Nación del primer gobierno de Rafael Caldera, respondió con creces a los estándares de calidad requeridos por empresas públicas y privadas, que siempre reconocieron a nuestro IUTRC como uno de los mejores tecnológicos para la formación de Técnicos Superiores que podían atender necesidades concretas con suficiente calidad, oportunidad e innovación. De hecho, la idea originalmente planteada para el perfil de los Técnicos Superiores Universitarios, cónsona al rol que se esperaba que desempeñaran en la división del trabajo, tales como labores de coordinación, ejecución y supervisión de los diseños elaborados por ingenieros o los planes elaborados por Licenciados, pronto fue distorsionada debido a las perversiones típicas del capitalismo, que en la práctica real y debido al alto nivel académico y profesional que tienen, contrataba TSU para ejercer funciones que originalmente se supone debían cumplir los ingenieros o licenciados, pero con salarios que en algunos casos eran incluso concebidos para técnicos medios.
Recordemos que a muchos de nosotros y nosotras egresados como TSU del IUTRC, nos llegaron a calificar como “ingenieritos” con cierto tono despectivo en cuanto nuestra supuestamente incompleta formación universitaria, más no así para la práctica laboral, donde ese mismo calificativo reconocía que satisfacíamos con creces las expectativas de los empleadores. No obstante, y aquí es importante resaltar, que precisamente esa característica de los IUT en cuanto a egresar empleados para los requerimientos del mercado, al margen de las ventajas que efectivamente se mostraron en cuanto a la formación técnica de alto nivel, respondía a una concepción que valoraba, tal como planteaba el investigador argentino Oscar Varsavsky: “…la especialización, la competitividad individual, la invención ingeniosa, el uso de aparatos y los criterios cuantitativos de rentabilidad de inversiones para evaluar todo tipo de actividad”, reflejando más allá de una verdadera autonomía, un modelo de seguidismo y colonialismo científico tecnológico.
En este contexto, se comprende el sentido que tuvo como antecedente a la creación de los IUT la frase que lanzó FEDECAMARAS en los años setenta referida a que “las universidades no producen los profesionales que el país necesita”, la cual, como sostiene la Profesora María Egilda Castellanos primera rectora de la UBV, más allá de traducir una genuina inquietud por el desarrollo socio-productivo nacional, se correspondía a la necesidad de los grupos dominantes en ese momento, de frenar el fuerte activismo político de las Universidades en tiempos de Renovación, que junto a las Escuelas Técnicas, representaron focos de subversión para el primer gobierno de Caldera, por lo que nuestro ejercicio de memoria nos obliga a recordar que paralelamente a ser el gobierno que creó los IUT, también fue el gobierno que cerró la Universidad Central de Venezuela y las Escuelas Técnicas.
Llegado a este punto, relacionando el contexto socio-político con el perfil y tipo de formación recibida en los IUT al estilo francés, no extraña que haya prevalecido una educación positivista, que privilegiaba altos estándares técnicos desde una visión supuestamente desideologizada y sin ninguna relación con la política, entendida ésta no como política partidista sino como política pública, que trasciende por orientarse a la consecución de objetivos de desarrollo nacional.
En ese sentido y encontrándonos acá para graduarnos de TSU, Ingenieros y Licenciados, dentro de un nuevo modelo de universidad concebido en el marco de la Misión Alma Mater, como punta de lanza en la batalla en contra de un modelo perverso característico de los años 80 y 90 de progresiva desinversión en la educación venezolana, la cual apuntaba cada vez más hacia la privatización y pérdida de calidad, el salto cualitativo al día de hoy, es que nosotros y nosotras los graduandos del IUT Dr. Federico Rivero Palacio somos parte de una cifra que no puede más que hacernos sentir orgullosos, y es la cifra que según la UNESCO, nos hace ostentar el segundo puesto en Latinoamérica después de Cuba con mayor matrícula universitaria y el quinto en el mundo, de la mano de países como Finlandia y Noruega, lo que para muchos de mis compañeros y compañeras no puede definirse de otra forma que como consecuencia de un acto de JUSTICIA y de Justicia en mayúscula por lo que supone la puesta en práctica de una política de inclusión a partir del rescate del sentido público de la educación que garantiza los principios de gratuidad, reconocimiento de saberes y experiencias, lo cual, para el caso de los viejos y no tan viejos, técnicos superiores –ya ingenieros y no ingenieritos- nos permite no sólo reconocer sino defender la importancia de un TSU para el desarrollo socio-productivo nacional, pero sobre todo defender lo que significa la universidad de la transformación ante el modelo decimonónico de la universidad tradicional.
Es por ello, que creo que la concepción de formación integral y no bancaria como planteaba Paulo Freire, a partir de la cual se ejecutaron los primeros Programas Nacionales de Formación del IUT, nos ha dejado como saldo que ahora nos preguntemos entre otras cosas pero… ¿ser ingenieros, TSU o licenciados para qué? ¿cuál es el rol que debemos desempeñar más allá de las funciones estrictamente laborales? ¿cuál es nuestro rol para el desarrollo del país en este momento histórico para generar impactos a largo plazo? Y con ello quiero decir, que nos hacemos preguntas que además de demostrar que pudimos aprender a pensar y a resolver creativa e innovadoramente los distintos problemas científico-tecnológicos que se nos presenten, al estilo del famoso físico Danés Niels Bohr, se espera que con la formación integral que hemos construido conjuntamente con nuestros profesores, hayamos aprendido a pensar cuáles de esos problemas son pertinentes y qué es necesario resolver de acuerdo a nuestra realidad. Citando de nuevo a Varsavsky: “…plantear el estudio de cada problema social y otros de análoga complejidad en su marco de referencia local, buscando los factores importantes y las leyes adecuadas al caso particular, sin despreciar la experiencia universal, pero sin aceptarla a priori, yendo más allá del seguidismo a las ideas del hemisferio norte.”
Creo necesario, más allá de proponer una agenda cerrada, perfilar y reflexionar con otras interrogantes acerca de los desafíos que se nos plantean como egresados de este nuevo enfoque ético-profesional.
Algunas serían por ejemplo:
¿Cómo garantizamos la transferencia tecnológica con los nuevos y necesarios proyectos gran-nacionales que se están ejecutando desde el enfoque multipolar como el satélite Simón Bolívar, la explotación de la faja petrolífera del Orinoco, el sistema eléctrico nacional, etc. pero fundamentalmente cómo garantizamos la existencia de talento especializado a largo plazo con sentido de soberanía?
¿Qué tipo de conocimiento y práctica deberíamos pensar dentro de un mundo cada vez más afectado por los efectos del modelo capitalista depredador de la naturaleza y cómo balanceamos desarrollo económico basado en producción petrolera con protección ambiental?
¿Cómo resolver los problemas energéticos clave para garantizar un servicio eléctrico público, eficiente, limpio y realmente equitativo para todo el territorio nacional?
¿Cuáles son las innovaciones científico-tecnológicas que necesitamos para problemas fundamentales de contaminación, gestión y distribución de nuestros recursos, para contribuir con la máxima suma de felicidad social, como decía el Libertador Simón Bolívar?
¿Cómo logramos una verdadera articulación entre academia, industria y las comunidades organizadas, para la solución de tales problemas?
Finalmente, otras menos grandilocuentes, pero no por ser más sencillas y cotidianas menos trascendentes y estratégicas para el desarrollo del país, por ejemplo:
¿Qué hacemos nosotros como TSU, Ingenieros y Licenciados para fomentar las vocaciones tempranas de nuestros niños, niñas y jóvenes por los saberes científico-tecnológicos?
¿Es realmente imposible ejercer el voluntariado que el Ché Guevara consideraba pilar fundamental para cualquier revolución? ¿Acaso nos quitaría mucho tiempo un día al mes o cada tres meses ir con los niños, niñas y jóvenes de las escuelas de los barrios y caseríos de nuestro país, para enseñar electrónica o que vean cómo funciona una computadora?
¿Es cuesta arriba hacer cuestiones tan sencillas como enseñar Astronomía a los niños y aprender con ellos la poesía cotidiana de mirar a Saturno en lugares como el Barrio El 70, el segundo barrio más alto de Caracas?
¿Sería imposible hacer como proyecto académico del IUT u otro tecnológico la construcción del planetario con el que sueñan los niños de la Ludoteca de Ciencias y Astronomía del Barrio El 70?
¿Por qué no ser sobre todo militantes de los sueños como decía nuestro cantor Alí Primera?
Por qué no construir el Socialismo necesario: el que nos haga más independientes, descolonizados, pero fundamentalmente como plantea el presidente Chávez que nos permita hacer más humana a la humanidad, ¿por qué no?…
Muchas gracias,
Pablo B. Camurri Chianalino, Ingeniero Electricista
C.I.: 81.328.677
DISCURSO DE GRADUACIÓN, PARA LA PRIMERA PROMOCIÓN DE INGENIEROS, INGENIERAS, LICENCIADOS, LICENCIADAS Y CUADRAGÉSIMA COHORTE DE TÉCNICOS SUPERIORES UNIVERSITARIOS, DEL INSTITUTO UNIVERSITARIO DE TECNOLOGÍA REGIÓN CAPITAL, DR. FEDERICO RIVERO PALACIO
Caracas 01 de Noviembre del 2011
