
En un comunicado difundido el jueves, los representantes de la iglesia católica reconocieron que habían mantenido «diversos contactos» con los responsables de la masacre de más de 50.000 personas.
«La noticia de la muerte del coronel Muammar Al Gaddafi cierra la demasiado larga y trágica fase de la lucha sangrienta por el derrocamiento de un régimen duro y opresivo», agregaron.
Desde Roma se exhortó a los grupos pro coloniales a trabajar por la pacificación del país norafricano. Sin embargo, la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, reiteró el jueves que las operaciones militares contra el pueblo libio continuarán.
Clinton aseguró que el pueblo libio permanece armado y usó este alegato para justificar la perpetuación de los bombardeos que la Otan mantiene desde hace siete meses.
