La evaluación hecha por la Organización de las Naciones Unidas a Venezuela en materia de derechos humanos, está contaminada por las constantes acusaciones de los enemigos de la revolución bolivariana. La ONU no puede considerarse un árbitro valedero para conocer de esta situación, pues ya sabemos como actúa ante los conflictos internacionales. Y no es que se amparen en la existencia de un Consejo de Derechos Humanos dentro del seno de la organización y cuya función sea vigilar que los países miembros acaten sus resoluciones; se trata quizás de levantar falsas acusaciones a los estados que consideran enemigos del imperio. Desde su nacimiento, la ONU ha perdido su norte. El objetivo aparente por la que fue creada se fue diluyendo con el paso del tiempo. Cuando el Consejo de Seguridad decide si asalta la gobernabilidad de un país para poner a un régimen títere, actúa bajo la égida de Estados Unidos y sus aliados europeos. Libia, Irak, Afganistán son ejemplos claros de la agresión imperial bajo la dirección de la ONU.
Entonces ¿quiénes violan los ddhh? Los ataques masivos con armas de destrucción letales infieren a los civiles la mayor parte de daños. Mujeres, ancianos, niños mueren bajo las balas asesinas enviadas con la anuencia de la ONU. Los perros de la guerra negocian con los estados que imponen los conflictos. Todos ganan con la excepción de la población civil. Estos no tienen quien los defienda.
En Venezuela, la situación de los derechos humanos ha mejorado notablemente. Desde la llegada del camarada Hugo Chávez el acceso a la justicia y el trato justo y equitativo a toda la población es innegable. Por supuesto, para la oposición todo sigue igual; desde entonces han intentado crear matrices de opinión buscando la condena mundial a la revolución. Nuestro país debe hacer caso omiso al pronunciamiento de la ONU, pues como institución no tiene moral para imponer normas y menos certificar quién asume los derechos humanos como principios fundamentales para la convivencia en sociedad. Ahora Venezuela es otra.