Urania en Berlín
Estaba viendo, entre indignado y atónito, como la ministra de Exteriores de este país sonreía (no sé si como una hiena) mientras comunicaba el asesinato del ex presidente libio Muanmar El Gadafi a manos de unos probados criminales patológicos que han recibido apoyo, en términos militares y económicos, de las democracias que se postran ante los banqueros y la dictadura de los mercados. La verdad es que no había prestado, con toda lógica, y por razones de higiene mental, ninguna atención a la previsible borrachera de jolgorio y desprecio a la legalidad internacional de los corifeos mediáticos (consenso universal para afirmar, sin rubor alguno, que Gadafi ha “fallecido”), sus analistas y los matarifes a quienes sirven ideológicamente. Pero viendo de pasada la comparecencia de la Jiménez, me recordaba su necrófila sonrisa ministerial que los derechos humanos, esos que con tanto ahínco pregonan estos sicarios del FMI, son, en la práctica, pura charlatanería de diseño en la que se cobijan las bombas de uranio empobrecido. Y más cuando eres un pelele de obediencia ciega al Tío Sam. ¿verdad Trini?.
Yo creía que los juicios justos, el respeto por esa regla de oro de la presunción de la inocencia, la famosa Carta de DDHH de la onU o la no injerencia en los asuntos internos en otros países eran un patrón universal democrático de obligado cumplimiento. Pero no, Gadafi ha sido mostrado al mundo (ese que presume de civilizado, humanista y exquisitamente democrático), como un muñeco al que han pateado, torturado y ejecutado con los mismos métodos que utilizan los cárteles de la droga en México y, si me apuran, con las mismas prácticas que la Alemania nazi. Estos son los angelitos que gobernarán próximamente en Libia. Con el permiso, naturalmente, de Occidente (en realidad, la gran perpetradora del genocidio en Libia) que ha dado el visto bueno, porque primero es el petróleo y después los derechos humanos, divinos o diabólicos. Tampoco ese instrumento-marioneta del capitalismo norteamericano y europeo llamado CPI (Corte Penal Internacional), que exigía la cabeza de Gadafi, se va a pronunciar sobre las matanzas de la OTAN y las realizadas por los mal llamados “rebeldes” libios. Es de sobra conocida su indecente parcialidad.
