Joaquín Alberto Pérez Ayestarán

Los crímenes de la OTAN están a simple vista: Yugoslavia, Irak, Afganistán, Libia, son sólo algunos de los varios ejemplos donde esta abominable organización, con su brazo forzoso e imperial, ha destruido países y ha cercenado el derecho de los pueblos a su autodeterminación, violando incluso su soberanía.

Ante todos éstos atropellos surgen varias interrogantes, entre ellas:

  1. ¿Por qué se manipulan las leyes del derecho internacional para presionar a aquellos países políticamente mas débiles, o con abundantes recursos naturales, o inclusive ubicados en lugares de rutas comerciales estratégicas? ¿Es que acaso el derecho internacional solo sirve para satisfacer los intereses geopolíticos y económicos de las potencias? No existe aun una clara respuesta a éstas preguntas; es por eso que empiezo a pensar que sinceramente la OTAN está por encima de las leyes y de cualquier convenio o tratado internacional.

  1. Ahora, respecto a los peculiares lugares donde la OTAN, ya casi por costumbre, tiende a dirigir sus bombardeos. ¿Acaso habían terroristas en las plantas o redes de energía, en las redes de abastecimiento de agua (el gran río artificial de Libia que provee del vital liquido a gran parte del pueblo libio – 70%), hospitales, escuelas (entre ellas una para niños con Síndrome de Down), universidades (la Universidad de Trípoli entre ellas), mercados y comercios, etc.? Me hago esta pregunta porque, coincidencialmente, son éstos los lugares donde con mayor frecuencia se registran los numerosos bombardeos de la OTAN, que violan, descaradamente, la Carta de las Naciones Unidas. El recurrente bombardeo a los antes mencionados lugares hace pensar que son considerados como objetivos claves por la OTAN, las coincidencias no existen en éste tipo de casos. Tampoco hay una clara respuesta a esta pregunta. Ahora comienzo a pensar ¿de qué sirve tener una Corte Penal Internacional en La Haya? Digo esto porque al parecer, ésta, no es más que una simple herramienta, un organismo que manipula los principios del derecho internacional a su antojo, sirviendo a los caprichos de potencias imperiales.

Ante tantas arbitrariedades y recurrentes violaciones, ha llegado la hora de que el mundo sepa acerca de éstas duplicidades, de estas ambigüedades y de esta política de dobles raseros. Es hora de que el mundo exija un fin a estas practicas anti-éticas y poco profesionales.

Las operaciones de la OTAN en Libia iniciaron tras la aprobación de la Resolución 1973 (2011), por parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Vale la pena recalcar que ésta resolución ha sido manipulada y violada desde el mismo momento en que se aprobó; el bombardeo de edificios de civiles es solo un ejemplo. Todo ello, argumentando el concepto de la “responsabilidad de proteger”; concepto que, igualmente, ha sido tergiversado para tales fines. Aunque, sin embargo, la mayor violación se puede observar cuando notamos una posición bien definida, por parte de la OTAN, en el conflicto (lo cual es totalmente ilegal); así como el asesinato e intento de asesinato de funcionarios del gobierno, sin existir declaración de guerra alguna. También es ilegal el uso de gran parte del armamento con el que la OTAN está llevando a cabo sus bombardeos aéreos. Ante todas éstas irregularidades y violaciones la Corte Penal Internacional aun no se ha pronunciado; ni mucho menos ha tomado acciones para juzgar a quienes han masacrado, brutalmente, al pueblo Libio. ¿Por qué éste silencio? Las pruebas están ante los ojos del mundo, basta con encender la televisión o leer cualquier diario.

 

Sin embargo, si bien es cierto que la Corte Penal Internacional no tiene jurisdicción en el caso de Libia dado que nunca ratificó el Tratado de Roma – al igual que los Estados Unidos de America – también es cierto que, bajo las normas del derecho internacional, los Jefes de Estado gozan de inmunidad. Entonces, la pregunta ahora es: ¿será la Corte Penal Internacional lo suficientemente independiente y autónoma para juzgar a los asesinos del líder libio, Muammar al-Gaddafi? ¿Cuántas personas más tienen que morir antes de que la Corte Penal Internacional haga algo sobre el genocidio que está cometiendo la OTAN?

En el año 2009, la Secretaria de Estado de los Estados Unidos de América, Hillary Clinton, aseguró que su gobierno valoraba ‘profundamente’ la relación entre Libia y su país. Como es de suponerse, todas éstas declaraciones, llenas de hipocresía, se debieron a la firma de inversiones y acuerdos de venta con Libia, por parte de las grandes empresas de la industria de los hidrocarburos: British Petroleum, Exxon Mobil, Halliburton, Chevron y Conoco, solo para nombrar unas pocas. Durante el mismo año, la administración de los Estados Unidos destinó US$1.5 millones para entrenar a civiles y fuerzas de seguridad del gobierno libio bajo el pretexto de la supuesta protección de sus inversiones y activos en el país del Norte de África. Son ahora éstos mismos aprendices quienes lideran las ‘fuerzas rebeldes’ – pues para ello fueron realmente entrenados – y respaldados, obviamente, por la OTAN. Como podemos observar, este macabro plan de desestabilización y de cambio de régimen en Libia se viene orquestando desde entonces. En síntesis, la supuesta buena relación que existía entre Washington y Trípoli fue solo la excusa para infiltrarse, desapercibidamente, en el país.

Han pasado ya varios meses desde el inicio de las operaciones de la OTAN en Libia, seis meses para ser más exactos. Durante esos meses, la OTAN ha realizado más de 26.000 ataques aéreos, y con misiles, mayormente a infraestructura de civiles. La destrucción de este hermano país ha sido inminente. La OTAN incluso logró, a según por la vía diplomática, el apoyo de la Liga Árabe. En el área económica, las consecuencias también son nefastas. Los activos de Libia, que ascienden a varios millones de dólares, fueron ilegalmente congelados. Vale la pena preguntarse, ¿quien habrá de responder ahora por ese dinero? ¿quién o quienes y cómo lo están manejando? Las sanciones económicas contra Libia, impuestas por la OTAN, no ayudan a alivianar la situación, pues se han visto reducidos los ingresos libios por las ventas de petróleo. Es un verdadero genocidio, desde cualquier punto de vista, lo que está sucediendo en Libia.

El objetivo de la OTAN, realmente, es destruir a Libia, igual que como lo hizo con Irak y Afganistán, o con Yugoslavia previamente. La OTAN quiere asegurarse de que Libia tenga que ser reconstruido por completo; lo que es igual a la obtención de fines lucrativos ya que los contratos para la reconstrucción – de lo que ellos mismos han destruido – serian otorgados, como botín de guerra, a las empresas y compañías de las potencias occidentales. De igual forma, una reconstrucción, desde cero, significaría garantizar el establecimiento de un gobierno títere, que pueda ser tutelado y fácilmente manipulado a sus intereses económicos y geopolíticos. Aunque, si somos un poco suspicaces, podríamos llegar a pensar que incluso una de las razones por las que la OTAN, y las potencias imperialistas que la conforman, desean fervorosamente destruir a Libia por completo es para garantizar su presencia en este país a fin de, eventualmente, tener un acceso mas fácil al momento de iniciar una posible ofensiva militar contra Siria o Irán.

En días pasados trascendió la noticia del asesinato de Muammar al-Gaddafi. Las circunstancias parecen ser muy claras e incluso están a la vista de la palestra publica, todos los medios de comunicación así lo han reseñado: Gaddafi fue asesinado tras su captura. Vale la pena subrayar que el líder libio fue capturado con vida, y, aun y cuando pidió “clemencia”, de nada le sirvió pues las ordenes del imperio ya estaban giradas: Gaddafi debía morir para dar cumplimiento a los planes de neocolonización. Ahora bien, éste asesinato representa un quebrantamiento del orden internacional, pues las ejecuciones extrajudiciales son ilegales, según las normas del derecho internacional. Son los mismos Estados que tanto defienden los derechos humanos los que hoy día reciben, con beneplácito, la noticia de la muerte de, más que Muammar al-Gaddafi, un ser humano a quien le fueron negados todos sus derechos humanos; entre ellos el derecho a la vida y a ser debidamente enjuiciado por los supuestos crímenes que se le atribuyen. Finalmente, ¿quién responde por éste atroz crimen? Los culpables han de ser juzgados, la Corte Penal Internacional y la Comisión de Derechos humanos han de trabajar, en conjunto, para dar respuesta a tantas interrogantes.

Sin duda alguna, es tiempo de que los Estados Miembros de las Naciones Unidas le den un parado a las agresiones neoimperialistas de las potencias de occidente y hagan que sus voces, y el clamor de la comunidad internacional, sean escuchados. Se debe de exigir una investigación minuciosa y exhaustiva de todas las atrocidades y barbaries cometidas por la OTAN, a fin de lograr que se le juzgue por todos y cada uno de los crímenes de guerra que ha cometido. Rusia y China deben de defender y copatrocinar, arraigadamente, ésta causa.

japerez.un@gmail.com