José Marín Silva

Los mercenarios de la prensa internacional celebran. La fiesta por la invasión militar a Libia está en su ebullición. La cifra de muertos ya superan los veinte mil con un número indeterminado de heridos, según las noticias recientes, por la incursión en las últimas horas de los grupos armados del Consejo Nacional de Transición (CNT) a distintas localidades y a Trípoli, la capital de Libia, en la búsqueda del coronel Muammar Gaddafi para entregarlo “vivo o muerto” a cambio de un millón setecientos mil dólares dan cuenta de que la operación “humanitaria” Odisea al Amanecer, desarrollada por las fuerzas de la OTAN, con el aval del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), tras aprobar la resolución 1973 el 17 de marzo, echó por tierra el Derecho Internacional para atacar sin compasión al pueblo libio hasta poner a esa nación árabe del continente africano de rodillas a los intereses del Gobierno de Estados Unidos y sus aliados de Europa. Los organismos de la denominada comunidad internacional, entre ellos la ONU representada por el coreano Ban Ki Moon, y los “países amigos de Libia”, encabezado por el presidente de Francia Nicolás Sarkozy, y la Liga Árabe, cumplen su papel y se reunieron de nuevo para ratificar su respaldo al Consejo Nacional de Transición, cuyo vocero solicitó 5 mil millones de dólares para continuar financiando la insurrección de los mercenarios, en torno de lo cual los jefes de Gobierno y diplomáticos de la confabulación contra el Estado soberano e independiente de Libia se pronunciaron comprometiéndose a comenzar liberar fondos de los 200 mil millones de dólares de las reservas internacionales del pueblo libio confiscados en los bancos del exterior. El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, ofreció un adelanto de 1.500 millones de dólares para la operación, mientras el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, aportó lo suyo, al igual que los representantes del Reino Unido y Francia. La vocera oficial de la Unión Europea no se quedó atrás y diligencia el desbloqueo de los fondos libios para entregárselo a los representantes del Consejo Nacional de Transición. Cada cual mueve sus piezas y forcejean por el reparto del botín energético para asegurar el combustible de su país. Paralelo al teatro de operaciones militares en Libia donde la injerencia flagrante en el espacio aéreo libio registra una cifra superior a los 20 mil vuelos de la coalición de las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), con bombardeos indiscriminados contra la población civil y puntos de defensa estratégicos de las fuerzas leales al Gobierno de Gaddafi, los representantes de las agencias de noticias internacionales disparan lo suyo para colocarse al lado de los Gobiernos autodenominados del primer mundo con la aviesa intención de manipular a la opinión pública internacional y contribuir al derrocamiento del líder libio Muammar Gaddafi , al tiempo de lavar la imagen de los defensores de los derechos humanos como pretenden ser el Premio Nóbel de la Paz, Barack Obama, el primer ministro británico, David Cameron, el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, entre otros. Los corresponsales de CNN, Verónica Banderas Iglesias, desde Ras Lanuf, en Libia, protegida por los mercenarios que masacran a mansalva a la población civil y danzan en torno del cadáver de sus víctimas para exhibirlas como trofeo de guerra, calificó de revolucionarios a los grupos insurgentes que se oponen a Gaddafi y llamó a reforzar con armamento a los combatientes del CNT; por su lado, el analista para el Medio Oriente de CNN, José Levy, maquillado como un actor de televisión, peinadito, camisa de marca y corbata con franjas azules y celestes, da cuenta de la caída del Gobierno de Gaddafi y de la presunta huida del líder libio hacia Nicaragua, Venezuela y otros países aliados. La cadena árabe de noticias Al Jazeera, cuyo Gobierno en Qatar se metió hasta los tuétanos en la invasión al pueblo libio ha tocado sus instrumentos en esta orquesta. Los reporteros de las agencias británicas Reuters y BBC se plegaban al jolgorio y no pierden ni un instante para expresar su simpatía por la injerencia, lanzando dardos contra los jefes de Estado que –como el presidente Hugo Chávez- se han pronunciado contra la violación del Derecho Internacional y la intervención por la fuerza contra la soberanía de Libia. Chávez fijó posición frente a esta ignominia de los imperios del siglo veintiuno, señalando que no reconocería a ningún otro Gobierno que no fuera el Gobierno legítimo de Muammar Gaddafi y denunció, incluso, la violación de la residencia diplomática de la embajada de Venezuela en Libia, calificando de pelea de perros esta operación que ha tenido el repudio de gobernantes de América Latina, con la excepción de los sátrapas de Panamá y Colombia, y de otras naciones del mundo que como Rusia tratan de reivindicarse luego de no haber sido capaz de vetar la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que sirvió de pretexto para la masacre del pueblo árabe. También, periodistas y analistas del The New York Times, The Washington Post, medios de comunicación de Israel y otras naciones que apoyan la invasión militar a Libia, región del norte de África, de seis millones de habitantes, con confesión musulmán y 80 por ciento de población Suní, se ciñen al libreto, mientras la prensa nacional y regional de la República Bolivariana de Venezuela repican la perversa manipulación de las agencias de noticias y los medios internacionales colocándose al lado de los “`países amigos de Libia”. Contrario a ello, hay que destacar el esfuerzo de medios de difusión que como Telesur, cuyo corresponsal Rolando Segura,-junto a treinta y seis corresponsales de prensa internacional- permaneció confinado en el hotel Rixus en Trípoli, al acecho de las mercenarios de la coalición del Consejo Nacional de Transición que no perdonan a quienes ejercen el periodismo con dignidad para romper el cerco mediático y la censura impuesta por las cadenas internacionales de noticias que pretenden “matar la verdad” que en una guerra como la que se desarrolla en Libia ha sido la primera baja. Segura tuvo que salir con este grupo de periodistas escoltado por la Cruz Roja Internacional y desplazarse hacia el hotel Corintia en las cercanías de la plaza Verde para resguardar su vida y continuar en la batalla mediática contrarrestando a quienes se alinearon con la visión sesgada de las cadenas de noticias internacionales. A él se suma los periodistas de la Red Voltaire que han sido hostigados por las fuerzas mercenarias. Los alzados contra el Gobierno de Gaddafi anunciaron el traslado de su cuartel general a Trípoli y arrasan cuanto consigan a su paso, fusilando en las calles a los colaboradores y supuestos aliados del líder libio. Entretanto, Gaddafi con su “vencer o morir” resiste y llama a los suyos a liberar Trípoli de “las ratas” que tomaron por asalto la capital, porque Libia no es de los italianos, ni de los franceses, ni de los colonialistas que la tienen en Jaque en esta hora. “¡Zalam Aleikum!.

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