
El libro «Hubiera Querido», de Rosa María Pargas, una militante y poeta detenida-desaparecida, esposa del sobreviviente de la masacre de Trelew, Alberto Camps, recoge poemas rescatados por sus hijos de un arcón familiar, que traen la palabra reparadora de una madre para sus dos pequeños, que sufrieron su secuestro, y a una sociedad que necesita hacer presente a quienes lucharon.
Reconoció que, además de su tarea profesional, ofició de «asistente de cupido» junto a Rodolfo Ortega Peña, al convocar a supuestas visitas de abogados a ambos militantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) para que, en realidad, pudiesen estar un momento juntos.
/Se oye un grito gritando para todos/ el que no quiera escuchar se irá muriendo…/ hubiera querido tantas cosas, dije/ y no me alcanzó el tiempo/, concluye Rosa María su poema escrito en Rawson desués de la masacre de Trelew, pensando que su compañero había muerto.
Poema que abre el libro y en el que declara un amor supuestamente truncado: /Hubiera querido traspasar tu cuerpo/ hasta diluirme en tu sangre somnolienta,/ y conocerme al revés,/ y salirme/ y verte al verte/(…)/Estar siempre mojada de tus hijos/ llenarme las manos con tu pelo,/ recorrer con mi lengua las raíces de tus cosas/ todo muy rápido,¡todo al mismo tiempo…/ Este cronista, que participó de la fuga de Rawson y vivió con Pargas, Camps, sus hijos Mariano y Raquel, en Lomas de Zamora hasta poco antes del secuestro de ella y a la muerte en combate de él, y la brutal horfandad de los pequeños, en agosto de 1977, intentó con estos últimos, ya grandes, en el 2010, mitigar aquel terror, y aspirar algo de las mieles de tanta ternura y compromiso.
En aquella esquina de Fray Luis Beltrán, le dijo Mariano, la secuestraron a mamá; él y sus tres añitos iban en bicicleta a la panadería con su hermana de 11 meses, Raquel, y no entendía por qué los militares le saltaban en la panza a Rosa María, hasta que, -supo mucho después-, le hicieron vomitar la pastilla de cianuro que había tomado para evitar la tortura.
«No tengo recuerdo de nada anterior, ni de bastante tiempo después, pero eso lo tengo tan claro, como cuando pusieron a mi mamá en el baúl del Falcon», le contó aquel día en que junto a este cronista regresaron a reconocer la casa, hablar con la vecina que la ocupaba después de muchos años de abandono, y ver la cuadra donde la noche pretendió imponerse eterna para aquellos dos niños.
«Fue en un agosto oscuro donde yo perdí la posibilidad de sus palabras y con apenas 11 meses mi memoria no pudo retenerla, ni un gesto, ni una caricia, sólo recuerdos prestados, ajenos, de otros», dice Raquel Camps en el prólogo de los poemas de su madre que recuperó en casa de una de sus abuelas.
Por eso dijo, al presentar la obra, «la aprendí a mi mamá en su escritura» viví «la intimidad con ella cuando hicimos el libro».
El jueves 14 debió suspenderse la presentacion de «Hubiera Querido», porque se iban a conocer las condenas a los represores de El Vesubio, el campo de concentración donde por última vez se vio a Rosa María, y allí estaban sus hijos.
«La justicia llega lenta pero no es poca cosa. Siento una paz impresionante que estén condenados» los represores, contó Raquel sobre ese día tan demorado.
Con su ancha y bella sonrisa Raquel contó con alegría, junto a su tía Alicia, hermana de Rosa María, también participante del acto, cuando con una prima se convencieron que no tenían ningún talento, a diferencia de su hermano Mariano, músico, por lo que decidieron hacer suyas frases «robadas» a su madre: /con esa cara de zapato que te falta/ y /con los dientes gastados de mascar pobreza/ (que indudablemente es lo más barato)/.
Vale, pués, completar estos dos últimos versos: /Para vos, que tenés mujer que no entiende/por qué cantan los pájaros, que andan tan desnudos,/y sin embargo te encuentran tantas veces llorando./ Para vos…estoy yo./Con la mano hecho hueco/esperando la bala que mate al tirano/y buscando tus ojos que me anuncien la hora/de tirar al podrido bastante perfumado/y levanta al dueño de todo que sos vos, proletario./Para vos estoy yo…¡y otros tantos!/
