Rafael Gramado
La clases «bajas», medias y altas han sido los grandes beneficiarios de las políticas del gobierno de Néstor y Cristina Kirchner, a pesar de esto, existen millones de votos duros a favor de la oposición en todo el país y como muestra la ciudad de Buenos Aires. La pregunta es entonces ¿qué sucede?
El miedo controla a las personas y las ideas orientadas a pensar que no es bueno que un gobierno «le de cosas a los morochos» fueron absorbidas desde la infancia como una especie de discriminación racial. La colonización mental que nos hace mirar hacia Europa y Estados Unidos, esa certeza incrustada en nuestra psiquis de que el progreso viene de Norte, que con cada netbook o plasma que tenemos nos acercamos a la civilización: 200 años de sumisión disfrazada de cultura en la que el desprecio a lo propio representa un estado de enajenación de la identidad nacional. Un espacio de exploración política duro de modificar.
Para los medios de comunicación es un terreno fértil para convencer a los sectores de las grandes ciudades. Los medios son una poderosa arma, perversa y cruel: por un lado te adula y te vende la existencia de un mundo exclusivo que compras sin pensar que exclusivo quiere decir que excluye a la mayoría. La cultura individualista-egoista propalada por el liberalismo alimentó antivalores en los que la esclavitud voluntaria es una virtud y se llama “deseo de superación”. El esfuerzo es premiado por deudas de viajes y deseos de consumo que se pueden pagar en incómodas y eternas cuotas. Y una vez cooptados en el narcotizante estado de comprar con dinero plástico lo que no necesitamos: sea la última moda, el último modelo o productos de última generación, vamos al cuarto oscuro y votamos por los mismos que llevaron al país a la debacle del 2001, donde la clase media si defendía lo que estaba perdiendo: su dignidad, su patrimonio y su cuenta bancaria.
El capitalismo global, actual fase del capitalismo, actúa sobre la consciencia del individuo desde el mismo instante en que se despierta por la mañana hasta que se duerme. Las matrices de opinión de la radio, la TV, internet y la replicación continua de las noticias seleccionadas por los laboratorios semióticos desde las agencias de información de Estados Unidos y aliados, repercute sobre la vida concreta y existencia vital de los seres humanos que son controlados y formados por un relato sesgado virtual que condiciona los pensamientos y actos cotidianos de las personas, alterando así su propia realidad y la construcción de su vida, al mismo tiempo que los embrutece socialmente.
La Clase media argentina no K que se han beneficiado y se benefician del crecimiento de la economía, trabajo estable, energía y transporte subsidiados por el gobierno, del crédito y compra de autos, de vacaciones de verano e invierno o cuyos negocios prosperan por el consumo producido por los buenos salarios de la propia clase media; ha generado un relato egoísta que lo ha llevado a votar contra si mismos.
En este terreno sinuoso tenemos que desplegarnos utilizando su lenguaje, su estética, sus códigos, para comunicar nuestras ideas, en el intento necesario de borrar el rechazo y los prejuicios que hacen que buenas personas se opongan a buenas políticas del gobierno
nacional que, para colmo, los benefician porque, aunque no lo sepan, ellos también son parte del pueblo.
Filmus tendrá que abandonar su perfil clasemediero y zambullirse el intrincado mar de la psiquis ciudadana porteña, casa por casa, puerta por puerta, timbre por timbre y enviar un mensaje racional y contundente que despierte de su ilusorio relato a los compatriotas de clase media que creen estar bien solo por su propio esfuerzo y que el gobierno de Cristina no tiene que ver en su mejor estado de bienestar con el que concurre al cuarto oscuro para votar a la oposición marciana de nuestro país.
