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Los aeronavegantes pidieron en el Juzgado Laboral Nº 57 la revisión de toda la flota de la empresa y la suspensión de tareas del personal de cabina. Cuatro empleadas se presentaron como testigos y relataron sus temores.

La Asociación Argentina de Aeronavegantes (AAA) presentó ayer un amparo contra la empresa Sol solicitando la revisión técnica de toda su flota y la suspensión de las tareas del personal de cabina, en el que acompañaron la declaración de cuatro azafatas y las denuncias anteriores sobre la compañía.

El anticipo de Tiempo Argentino en su edición de ayer se concretó durante la tarde, cuando el escrito ingresó en la mesa de entradas del Juzgado Nacional de Primera Instancia del Trabajo Nº 57, a cargo del juez subrogante Alberto Alejandro Calandrino.
Dos denominadores comunes atraviesan las declaraciones: el miedo a seguir volando y las irregularidades cotidianas. A buena parte de ellas, el gremio las elevó con anterioridad a la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) el 23 de diciembre y el 3 de enero pasados; y al director de Recursos Humanos de la empresa, el mismo 23 de diciembre de 2010 y el 29 de ese mes.
En el planteo se solicita también la “autorización para designar un perito ingeniero en mecánica aeronáutica por parte de la AAA, para participar del control y supervisión de las pericias e investigaciones de la Administración Nacional de Aviación Civil y/o la Junta de Investigaciones de Accidentes Aviación Civil”.
Una de las testigos, cuyos nombres el sindicato preserva pues también acusa a Sol de perseguir a quienes se vinculan con ellos, expresó crudamente: “Siento que lo que pasó no fue un accidente, creo que con mayores precauciones se pudo evitar. Creo que todo sigue igual que antes. Es más, ahora deben estar peor por la carga psicológica negativa que todas tenemos. Incluso me llamaron para salir a volar.”
La misma persona aportó un dato por demás preocupante ya que aseguró que “las novedades de cabina” deben registrarse “solamente cuando las aeronaves terminan el vuelo en Rosario porque es el único lugar donde hay mantenimiento con la capacidad de solucionarlas todas”, en cambio, “si hay novedades en Buenos Aires, no se pueden informar porque no saldría el avión”.
Otra empleada relató que estando una máquina en el aeropuerto de Comodoro Rivadavia, “la alarma de fuego en bodega permanecía encendida, con lo cual no deberíamos haber salido sin solucionarlo. El copiloto que falleció en el accidente, Adriano Bolatti, también era mecánico y lo solucionó parcialmente, pero seguía encendido. Finalmente, despegamos con los equipajes y algunos pasajeros dentro de la cabina.”
Sin embargo, las palabras no se terminan allí. Una tercera testigo, tras confesar “dolor, temor, miedo e indignación porque la empresa no se hace cargo o responsable de las falencias que existen y que son evidentes”, detalló pormenores entre los que incluyó “un vuelo realizado sin piloto automático”. Finalmente, su narración concluyó con lo que sucedió tras la tragedia. “La empresa, después del hecho, mandó mails a todas las tripulantes y reiteradas llamadas preguntando si queríamos volar, cuando en nada mejora o cambia las condiciones en que estábamos volando”, dijo. Y una cuarta, decididamente afirma que “de ninguna manera están dadas las condiciones para volar”.
Tanto las cuatro declarantes como otras compañeras de la malograda Jésica Fontán están recibiendo contención en el Gabinete de Apoyo Psicológico en la Asociación Argentina de Aeronavegantes