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El cardenal es sospechoso de administrar irregularmente los bienes inmuebles de la Iglesia cuando era prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

El arzobispo de Nápoles, cardenal Crescenzio Sepe, está siendo investigado por corrupción por la fiscalía de Perusa (centro de Italia), que sigue el caso de las irregularidades en las licitaciones vinculadas con las obras públicas en Italia, junto al ex ministro de Infraestructuras, Pietro Lunardi.

Sepe es sospechoso de haber administrado de manera irregular los bienes inmuebles de la Iglesia cuando era prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (ex  Propaganda Fide), el organismo vaticano que financia las  misiones católicas en todo el mundo.

La prensa italiana publica desde hace días informes sobre presuntos favores inmobiliarios que Sepe habría hecho a varias personas investigadas por ilegalidades en licitaciones públicas vinculadas, entre otros proyectos, con la cumbre del G8 organizada el año pasado en Italia.

Fuentes vaticanas indicaron que la Iglesia confía totalmente en las investigaciones de la justicia italiana, subrayando que no es casual que Sepe no fuera confirmado como prefecto de la Congregación después de su primer lustro en el puesto (2001-2006), como es habitual que ocurra.

El prelado italiano fue sustituido por el cardenal indio Iván Días, quien ayer se reunió con el Papa Benedicto XVI para analizar con él el futuro de la Congregación, ya que Días normalmente debería abandonar su cargo en 2011 -al alcanzar el límite de los 75 años de edad-, pero podría renunciar antes a causa de problemas de salud.

Las mismas fuentes sostuvieron que el nombramiento de Días  -un prelado conocido por su fuerte espiritualidad y su total alejamiento de la política romana- confirmó la voluntad del Papa de reordenar la congregación, que controla un impresionante patrimonio económico.

El prefecto de la ex-Propaganda Fide, en efecto, es sobrenombrado el «Papa rojo», a causa del color de su túnica pero también porque la congregación actúa de manera del todo autónoma del Vaticano en el manejo de los fondos con los que son financiadas las misiones católicas en todo el mundo, a partir de las donaciones de los fieles y de un patrimonio inmobiliario que, sólo en Roma, tendría un valor de más de 9 mil millones de euros.