Ignacio Fulco

 

Argentina padece las consecuencias del oportunismo  rapaz de la derecha,  que no se muestra tal cual es sino que aparece disfrazada impunemente bajo un manto lleno de palabras y conceptos  triviales que se oponen, esencialmente, a sus propios intereses;  pero que sin embargo encuentran, gracias a la complicidad mediática, las cámaras legitimadoras de su accionar. El actual conflicto surgido a partir de la decisión del gobierno  por hacer uso de las reservas del Banco Central para el pago de la deuda, (lo cual merecería, igualmente,  un hondo debate que excede estas líneas) es una muestra más del mencionado oportunismo, y pone en la superficie de la realidad las contradicciones que han unido al heterogéneo arco opositor.

Por otro lado, el gobierno  sufre el resultado de un profundo desgaste por haberse apoyado sobre una pata del peronismo  que ya estaba podrida y que a pesar de ello,  pareciera ser,  por momentos,  la elegida para continuar en el poder.  Como si ésta fuera más firme que su otra pata;  pura, maciza y con verdaderas intenciones de lograr la tan anhelada y postergada justicia social. La cual, no obstante, ha sido la base desde donde se han impulsado las medidas que han permitido: más de 4 millones de puestos de trabajo, la disminución de los índices de pobreza, la asignación universal por hijo, el importante avance en materia de derechos humanos y entre otras decisiones trascendentes; la nueva ley de medios, tan tergiversada hipócritamente por los poderes mediáticos.

A pesar de estas medidas, el gobierno no logró establecerse y legitimarse definitivamente ante el pueblo; el cual, por incapacidad, ingenuidad o tal vez por algo de resabio gorila, actúa funcionalmente en favor de poderes que nada tienen que ver con sus propios deseos y sueños. Cabe destacar, que el cerco mediático construido gracias a la impune concentración, desarrolla una instancia de mediación que logra filtrar la gran mayoría de las medidas impulsa el gobierno, transformando todo en  una cáscara frívola y fácilmente denostable. Para lo cual,  la inmediatez de la información cumple un papel fundamental, ya que el bombardeo informativo ataca la conciencia de la gente, impidiéndole o al menos limitando su capacidad crítica.

Tal vez, sea el tiempo de que el gobierno se apoye plenamente en su pata pura y maciza, en la gente de lleno, mirarla cara a cara con franqueza, oír su voz por encima del cerco mediático. Y gobernar entonces y de una vez por todas, de espaldas a los poderes económicos que poco le interesan el país y de cara al pueblo. El cual deberá liberarse de la atadura mediática y pelear en las calles para torcer al gobierno hacia su lado genuinamente nacional y popular.